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TEMAS DE LA SEMANA

Trilogía divina: morfi, sexo, fiaca

Vera Killer hace unos apuntes sobre “la cultura fornicaria” y el “petting” que condenó en un diario el monseñor Aguer mientras prepara algo de comer, toma unos whiskys y se saca la ropa para ir  a revolcarse.

Por Vera Killer
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La lujuria, la gula y la pereza son mis pecados favoritos, de la lista de los siete capitales. Gula, además, originalmente venía junto a ebriedad, lo que me parece aún mejor, porque si vamos a tener vicios, que sean completos y no me dejen el whisky afuera. ¿No? Comer rico hasta reventar, beber como un cosaco, fornicar a puro instinto y finalmente quedar rendida, despatarrada en la cama, dormir hasta cualquier hora y retomar el ciclo. Esa es mi idea de paraíso.

Es gracioso que algunas personas aún consideren a estas actividades luminosas, liberadoras y placenteras como “vicios”. Si sólo se restringieran ellos, una les tendría lástima y listo. Pero no. Resulta que quieren que nadie la pase bien y proclaman a los cuatro vientos sus ideas retrogradas sin tener el decoro de callarse, creyendo que pueden -¡que deben!- meter su cuchara, condenar a los que viven felices, o al menos intentan hacerlo. Sobre todo si somos mujeres. La letra escarlata en el siglo XXI.

“La cultura fornicaria”, escribió el otro día en un diario platense el monseñor Aguer, condenando a quienes, según define el diccionario y él cita, tienen “ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio”. Yo quiero ser la jefa de cátedra de la cultura fornicaria, hacer un posgrado en ayuntamiento o cópula y pavonear mi doctorado en realizar todo por fuera del matrimonio.

De postre, y ya que estaba, también cuestionó que se repartieran preservativos en la Villa Olímpica, rechazó la adopción de niños por parte de matrimonios igualitarios, condenó a las “señoritas (…) que cambian de ‘novio’ cinco o seis veces al año” y lanzó como regalo absurdo a la estratosfera el término “petting”, que aseguró es “descontrolado en lugares públicos”.

No me enoja que alguien de la iglesia católica, un monseñor, piense cosas retrógradas. Es esperable, pertenece a un ámbito que propicia eso. Hay tantos elementos aterradores en esa columna que no sé ni cómo empezar a analizarlos. Es oscurantismo puro, patriarcal, discriminante y, sin lugar a dudas, obscena. Pensar eso, decir eso, que se publique eso. Eso es la chanchada y no una teta, un culo, un revolcón.

Lo que me resulta indignante es otra cosa. Un reprimido sexual, con poder social y económico, concluye cosas delirantes. Y los progres biempensantes lo repudian. JA. ¿Qué pretenden? ¿Qué diga “viva la Era de Acuario”? Falta mucho para que tantos dejen de concebir el mundo así, lamentablemente, sean monseñores o sólo señores. Lo que importa es qué hacemos con esto. ¿No? ¿Cómo lo manejamos, individualmente y como sociedad? ¿Le mandamos al INADI, pero le seguimos dando plata del estado a la Iglesia? Puf.

Yo elijo mis luchas. La que quiero pelear en este caso es esta: ¿por qué tiene espacio, y marco, para dar cátedra sobre sexo y estilos de vida alguien que no tiene sexo ni vive la vida como la mayoría? ¿Por qué todavía tantos siguen tomando en cuenta estas opiniones, sea para publicarlas, acatarlas o para condenarlas? La culpa no es del chancho, dice el refrán, y monseñor es el chancho. La culpa es de quien le da comer. Habría que dejar de alimentarlo.

Masticaba todo esto porque justo el otro día, el mismo que leí la columna La Fornicación, del monseñor retrógrado, Henry me dijo “que disfrutes mucho” como despedida, cuando me iba a trabajar. Fue un comentario al paso, pero que me resultó extraño porque no asocio el placer con el trabajo (les dije que me encanta la vagancia). Mi respuesta visceral fue “disfrutar, sólo disfruto de comer, tener sexo y dormir”.

Y es verdad. Porque es instinto, porque es primal, porque esos son los tres momentos en que no se intelectualiza, analiza ni sobrepiensa nada. Es apagar la neurosis para ser humanos. Ojalá un día deje de existir un sistema que genere personas que consideran que no deberíamos materializar el deseo. Nos creemos tan en el futuro, pero cada día estamos dando nuevos pasos hacia atrás. Hay que cansarse de pedir poco. Me da igual si un chupacirios cree que el sexo es malo. Yo espero y pretendo, de máxima, que no haya más sociedades que colaboren a generar esas ideas. Y ahora me voy a comer y beber, porque más tarde tengo que fornicar y dormir. Hasta luego.

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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