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Tipos de whisky y tipos de tipos

Vera Killer, catadora de muchachos y amante de los tragos, hace un paralelismo entre algunos hombres y distintas marcas de su bebida favorita.

Por Vera Killer
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Las dos actividades que más me gustan en el mundo son tomar whisky y tener sexo. Si además suceden juntas, pum. Igual, no es mandatario. Puede ser una cosa o la otra. Un vasito rebosante de ámbar, apenas un chorrito de agua para abrir delicadamente el bouquet y un beso que quema y enciende el paladar, el pecho caliente por dentro. Revolcarse de a dos, puro instinto y sed, endorfinas y placer en cada terminal nerviosa del cuerpo, que finalmente se apaga un rato. Oh, divinos ambos actos.

Me gusta, me encanta, pero eso no quiere decir que todo me viene bien. Tengo mis estándares, pequeñas reglas, con respecto a los whiskys que el otro día descubrí que eran aplicables también a las duplas sexuales. Estábamos de charla con mi amiga I.,  chin chin va, chin chin viene, y yo le contaba de un chico al que ya no sé como declinarle sus ofertas. “No me gusta, es áspero, berretón, huele mal”, le dije y ella, diosa iluminada, me retrucó: “¿Cómo un Criadores?”.

Desde entonces no puedo parar de armar la grilla. Por ejemplo, un Vat 69 es un pibe al que se le entra cuando hace mucho que una no tiene sexo y no hay nada mejor a mano. Si está limpio, es amable y me hace reír dos veces, ok.  Es sólo porque estoy mini de abstinencia. Si no lo termino de pasar, en el caso del whisky le pongo Coca Cola y dos hielitos y en el caso del pibe, un poco de whisky. Funciona, es un gran mientras tanto. Mi último de esos fue D., un poco fofito, habla fuerte, pero estuvo bien. Prefiero otra cosa, pero bueno, a veces se vuelve a eso.

El Jameson es un irlandés precioso, confiable, de buena calidad que siempre estuvo y con quien siempre se puede contar. La relación con él no es exclusiva, es un poco del mundo, no es ningún descubrimiento, pero rinde, a veces incluso nos vuelve locas de gusto y sobre todo nunca nos dice que no. Es igual a ese novio de la secundaria, el tarambana guapo que jamás terminó de crecer, al que amamos con locura adolescente y que todavía adoramos, pero que no nos revoluciona la cabeza. Se lo ve casi fijo, casi estable, y puede durar toda la vida. Yo tengo de esos: una botella verde esmeralda en mi living y a la gema de M. en el marcado rápido del celu.

El bourbon no es whisky, pero flexibilizo mi paladar gormet porque está ahí nomás y sirve, también, para el paralelismo. A mí, la verdad, sólo me gusta con tragos, en un Manhattan por ejemplo, porque es demasiado dulce, pegajoso, pegoteado para tenerlo solo. El Jack Daniel’s me recuerda a V., el pibe de la esquina, lindo, pero algo arruinado, con el que cada tanto si no tengo nada mejor que hacer me revuelco un rato, pero que después me cuesta hacer que se vaya. En ese plan prefiero el Southern Comfort, más rockero, con mucha historia mítica, como el dueño de un bar al que voy y con el que a veces nos escapamos a jugar al baño, en secreto.

Cual príncipes azules están el Chivas y el Johnny Walker etiqueta ídem, pero a mí el amor romántico no me convoca, la verdad. No es que se la pase mal cuando sucede, pero nunca nadie me va a hacer creer que es eso lo que busco, lo que quiero. Está bien, la mayoría de las personas dicen que es lo mejor, pero es tan obvio, tan aburrido, tan cliché en su sabor y propuestas. Como A., que me amaba tanto que me asfixiaba y se le pasó la adoración cuando se dio cuenta de que no lo necesitaba. Paso de eso.

Mi pareja ideal, mi compañero soñado con el que quiero formar equipo para siempre, es el Glenlivet 12 años. Delicado, bestial, perfecto, con gusto salvaje y sutil a la vez, como una pradera escocesa, dorado, rutilante, ññññññ. Es el single malt que dio origen a todo. Ese es el mejor polvo, el mejor trago, la dupla ideal. Lo que tiene de malo es que es carísimo, bastante inaccesible y hay que planearlo, buscarlo.  Cuando lo tenés entre manos, aunque lo secuestres, al toque se esfuma, como por arte de magia. Pero mientras dura es la gloria, y a veces incluso hasta lográs que se quede.

¡Salud!

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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