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TEMAS DE LA SEMANA

Sergio Bergman: ‘Los religiosos somos el tanque de reserva’

Candidato a jefe de Gobierno, el rabino dice que se identifica con la izquierda uruguaya.

Por Romina Calderaro
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El rabino Sergio Berg­man cree que es víc­tima de una injusticia: aparece como un hom­bre de la derecha hasta en Wikipe­dia. Y él se define como un pensa­dor de izquierda, a pesar de que defiende la gestión de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Ai­res, asegura que la corrupción del gobierno que encabeza Cristina Fernández de Kirchner es mayor a la que hubo durante el de Carlos Menem, apoya al diputado nacio­nal salteño Alfredo Olmedo y tra­baja desde hace años con Alber­to Kohan. El flamante candidato a jefe de Gobierno porteño por el Partido de los Ciudadanos no tuvo dificultades a la hora de hablar so­bre la aparente contradicción entre su pensamiento y sus actos.

La primera pregunta es al rabi­no. Soy atea. ¿Podría intentar convencerme de que Dios exis­te? Leer los diarios todas las ma­ñanas no me ayuda para nada.
Ni lo intentaría. Porque el tema de la existencia de Dios no pasa por la argumentación. Ningún argumen­to cambia una disposición espiritual que tiene que ver con creer. Y no solamente hay que querer: hay que poder creer. De to­dos modos, lo más importan­te que tenemos que afirmar es la creencia en el ser huma­no. Es cierto que nos preguntamos dónde está Dios, pero los que cree­mos de esta manera no dogmática, pero espiritualmente abierta, escu­chamos la pregunta de Dios acerca de dónde está el hombre.

Usted es egresado de la Fa­cultad de Farmacia y Bioquímica. ¿Cómo nace su voca­ción religiosa?
Fue un llamado. En un determina­do momento tuve que optar en­tre lo que sentí que era un llamado y lo que me convenía económica­mente. De Farmacia y Bioquími­ca al rabinato lo que cambió fue el tipo de alquimia. En vez de pen­sar cómo curar un cuerpo, empecé a pensar cómo curar el alma. Pero es la misma vocación de curar, de construir comunidad. Desde ese lugar te diría que en el año 94, con la voladura de la AMIA, siguiendo en 2001 con el colapso del sistema de representación y en 2006 con el tema de la inseguridad, podés ir viendo una trazabilidad. Todo eso tiene una coherencia. Vos no te podés quedar dentro de una insti­tución cuando en la sociedad a la que pertenecés se profanan los va­lores, se degradan las instituciones y no logramos consolidar un siste­ma que nos preserve a todos.

Hay mucha gente que cree que los religiosos no deben meter­se en política. ¿Usted qué les contesta?
Respeto mucho esa postura, pero no la comparto. Creo que los re­ligiosos somos el tanque de reserva. Porque esto, antes, ¿quién lo tenía que hacer? Los partidos políticos, las instituciones, la sociedad. Pero la sociedad está dormida y anestesiada.

Pasemos a la coyuntura. ¿Por qué es tan antikirchnerista?
De ninguna manera soy antikirch­nerista. Soy independiente y ten­go pensamiento crítico. Y creo que la sociedad argentina está pa­gando costos altísimos por entrar en esa estrategia de división, de confrontación y de marcar enemi­gos que impulsa el Gobierno. Yo critico lo siguiente: una democra­cia electoral de una primera mino­ría no te habilita a gobernar como querés, sino como debés. Demo­cracia para elegir y república para gobernar, ése es mi lema.

¿Pero no es capaz de recono­cer las cosas buenas que se hi­cieron de 2003 en adelante?
Sí, sí. Yo no digo que está todo mal, se hicieron cosas buenas, pero fue­ra del sistema. Los jueces, los dipu­tados, están, pero no están.

En todos los gobiernos demo­cráticos hubo fallas. Si critica tanto a este gobierno, no me quiero imaginar lo que tendría para decir del menemismo.
A Menem no hay que defenderlo, hay que ponerlo en proporción. Es una cuestión de escala. ¿Que si hay cosas buenas en este Gobier­no? Sí. La asignación universal por hijo, la política de derechos huma­nos, la intervención del Estado.

No lo escucho pedirle trans­parencia con el mismo énfasis al Gobierno de Mauricio Ma­cri, quien lo acompañó en su lanzamiento a jefe de gobier­no porteño.
Porque el gobierno de Macri tie­ne que rectificar y profundizar muchas cosas de su gestión, pero ninguna está en el orden del des­orden institucional del gobierno nacional. Los niveles de desvío de Macri son menores a los del Go­bierno nacional. El de Macri es un gobierno predecible.

El Fino Palacios y las escuchas ilegales, la UCEP, podría se­guir mucho más. Insisto: no lo escucho quejarse de las irre­gularidades de Macri.
No tienen escala esas irregulari­dades en relación con las del go­bierno nacional, que maneja el 90 por ciento de la coparticipación. El que tiene la posibilidad de cam­biar la política de Estado es el nacional. Y las irregularidades de Macri, que sean juzgadas por la Justicia.

Tengo la sospecha de que su defensa a Macri tiene que ver menos con la gestión que con una elección ideológica. ¿Usted se define como un hombre de derecha?
De ninguna manera. ¡Yo soy de izquierda! Siempre me juzgaron por lo que tuve al lado. Eso es una injusticia. Cuando digo que soy de izquierda, me refiero a que soy parte de una socialdemocracia ju­deocristiana. En ese punto tengo una diferencia con Macri, que cree en la teoría económica del derra­me. Dentro de las izquierdas, me identifico con la izquierda urugua­ya. Igual, me encantaría saber qué es la izquierda hoy en la Argenti­na. Pero también defiendo la po­sición de gente que quiera ser de derecha. A esa gente hay que de­jarla jugar. Por ejemplo Olmedo. Me viven preguntando qué cara­jo hago con Olmedo. Mi respues­ta es: Olmedo tiene todo el dere­cho de jugar.

Una cosa es que tenga dere­cho a participar en política, otra que usted lo invite al lan­zamiento de su candidatura.
¿Se puede estar con alguien con el que no se esté de acuerdo?
Sí, porque yo defiendo las reglas de juego. Olmedo que pierda la elec­ción. Pero no le armes una causa de trabajo esclavo donde la AFIP fue montada por Urtubey y el gobierno nacional para sacarlo de juego. Estoy ciento por ciento se­guro de que eso está armado, re­corrí los campos de Olmedo, estu­ve en los juzgados. Y fijate que no se habla más del tema.

¿Y qué hacía Alberto Kohan, ex secretario general de la Presi­dencia de Carlos Menem, en el lanzamiento de su candidatu­ra? Él dice que trabaja con us­ted desde hace mucho tiempo.
La política nueva que tenemos que hacer los argentinos empie­za por aceptar que tenemos que hablar con todos los que estuvie­ron antes. ¿Por qué? Porque te­nemos que aprender de lo bue­no y de lo malo. Porque todos los que están no se fueron. Entonces, para no ser operado por ninguno de ellos, no hay nada mejor que hablar con todos y no pertenecer­les. Kohan es un actor de la políti­ca argentina. Duhalde también lo es. También esperamos tener en algún momento contacto con los ex kirchneristas así como me gus­taría que estuviera Alfonsín, lás­tima que se murió. Pero tendría que darnos muchas explicacio­nes aún.

Usted estuvo en las marchas con Blumberg que derivaron en una reforma del Código Pe­nal que no sirvió para nada. ¿No hace una autocrítica?
No estoy de acuerdo con las refor­mas de Blumberg. Yo apoyé el re­clamo de un padre al que le habían matado un hijo. Pero nadie me pre­guntó qué pensaba del reclamo de fondo. Lo que pasó fue que los le­gisladores actuaron con impericia. Blumberg no era un legislador. Al señor había que decirle: “Déjeme la carpeta, váyase a su casa y nosotros nos vamos a ocupar”.

Usted dice que la sociedad está anestesiada. Pero, en realidad, la sociedad parece estar relativamente conforme con este Gobierno. ¿Para usted son todos tontos quienes van a votar a Cristina? ¿No ven lo que usted ve?
No, para nada. Insisto: se lo dije a la gente del campo. En octubre quie­ro hablar con ellos para ver qué van a votar, si votan la renta de la cose­cha o el recuerdo de la 125.

¿Y qué van a votar?
La renta. Es lamentable, pero es así. Yo no voy a dejar de insistir en mi vocación que es la catequesis cívica. Yo tengo que explicarle a la gente que con República estaría­mos mejor. La gente podría apo­yar a este Gobierno pidiendo que sea controlado. Eso no se hace porque hay una crisis de valores. Yo soy candidato a jefe de Go­bierno para juntar. Mi límite es la ley. No me jodan con la derecha, no tiene nada que ver. Y te digo algo más que es muy de izquier­da: tenemos que volver a la fra­ternidad, nos tenemos que querer más. Mi pensamiento, antes de ser ideológico, es lógico. A mí me gustaría definirme entre izquierda y derecha una vez que establezca­mos las reglas de juego.

 

Último libro que leyó: Jesús. Una biografía, de Armand Puig.
Comida preferida: sushi.
Vacaciones: un lugar de Brasil que se llama Redonda, cerca de Fortaleza.
¿Escuela pública o privada? Depende el caso. Mi hija mayor fue al Nacional Buenos Aires, los demás fueron al ORT. Mi hija menor va al Liceo Francés.
Perfume: Dolce & Gabbana.
Auto: New Beetle

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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