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Participar o no participar, esa es la cuestión

Quiénes son y cómo hacen su trabajo los propietarios que deciden participar de los consejos de administración

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Algunos vecinos esquivan el hall de ingreso cuando saben que habrá asamblea de consorcio. Otros se quejan frente al encargado pero no aceptan llevar sus reclamos a las reuniones. Y hay algunos, muy pocos, que se involucran y participan de los consejos de administración.

En la Ciudad hay 268.000 edificios, que representan el 72% de las viviendas de la ciudad, según el informe de la Dirección General de Censos y Estadísticas del Ministerio de Hacienda del GCBA, realizado en 2012.

Todos los expertos en propiedad horizontal coinciden en que para una mejor convivencia la participación y la tolerancia son fundamentales. “Los propietarios deben asumir su rol de una vez por todas, tienen que asistir a las asambleas y participar. Deben tomar conciencia de que la casa de uno empieza cuando se ingresa al hall del edificio”, afirma Eduardo Awad, abogado especializado en consorcios en propiedad horizontal.

Cuidando lo propio

Entre los propietarios que tomaron conciencia se encuentra Alicia Lavandeira, una jubilada de 67 años que en el pasado llegó a ser gerenta de una empresa norteamericana. “Hace 31 años que vivo en este edificio de Belgrano, fui miembro del consejo durante doce años, después por razones familiares dejé de serlo. Y hace seis años volví a formar parte del consejo. Creo que nunca dejé de ser miembro porque siempre tuve la costumbre de recorrer el edificio, ver cómo está todo, de hablar con el administrador. Esta propiedad es mi único patrimonio y tengo que cuidarlo”, asegura.
Lavandeira vive en un edificio de catorce unidades y recuerda que decidió formar parte del consejo ante la insistencia de un vecino.

Lamentablemente no hay mucha gente que se ofrezca y aunque yo en ese momento trabajaba mucho, me gustaba saber qué hacía el administrador, hacer un análisis sobre lo que estaba haciendo y explicarle a mis vecinos por qué se hacía. No podés esperar que el otro cuide lo tuyo si vos no lo cuidás. Nosotros tenemos un excelente consorcio, muchos vivimos acá desde hace muchos años”, cuenta.

Otro vecino de ese edificio es Marcelo Caggiano, un contador público de 45 años que vive allí desde 1999. A diferencia de Alicia, hace tan sólo 11 meses que forma parte del consejo. “Mis vecinos necesitaban ayuda para algunas tareas, por eso me ofrecí. De todas maneras todos vienen a las reuniones y participan, tiramos todos para el mismo lado”, resalta.

En referencia a quienes no participan, Marcelo cree en los edificios grandes los propietarios consideran que su voto tiene poco peso: “Muchos se plantean si tiene sentido ir a las reuniones ya que con su voto no podrán aportar ni modificar la situación. Por otro lado, en la actualidad todos tienen muchas cosas que hacer y no quieren invertir su poco tiempo libre en una reunión de consorcio”.

Los aprendizajes

Entre las anécdotas que Alicia guarda en su memoria de los años que lleva en el consejo, aún recuerda el primer trabajo que le tocó realizar: “Me pasaron un presupuesto para autorizar, había que cambiar unos caños desde la planta baja hasta el último piso. Cuando recibí el presupuesto no lo entendí y no podía aprobar algo que no comprendía. Entonces me fui a un local donde vendían esos caños y les pedí que me explicaran. El vendedor me dio una clase magistral y me enseñó lo que debía pedir en el presupuesto. Nunca me voy a olvidar de esa lección”, recuerda con una sonrisa.
Los entrevistados concuerdan con que ser parte del consejo de administración es un trabajo que debe tomarse con responsabilidad y que lleva tiempo. “No sólo debe plantearse un problema en la reunión y pasarle el tema a la administración, sin preocuparse. Hay que estar detrás del administrador para que se concrete lo que se estableció. Ser miembro del consejo no es dar órdenes y que las cosas se hagan como uno quiere, es trabajar como nexo entre el problema que tiene el vecino y la administración. Tenemos que tratar de que las tareas se cumplan lo antes posible para solucionarle el problema a tu vecino”, concluye Lavandeira.

Un grupo de enlace

Los consejos no tienen poder de decisión sino que constituyen un órgano de enlace entre quienes viven en el edificio, lo expresado en las asambleas y el administrador. Y también ofrece un ámbito de consulta en el caso de que la administración lo crea conveniente.
Su función específica es la de aconsejar sobre la mejor forma de realizar los trabajos, obtener presupuestos y vigilar que se cumpla con el reglamento de copropiedad, entre sus funciones más importantes.
Los representantes del consejo deben ser propietarios de un departamento en el edificio en el que cumplen su tarea. Y se recomienda, aunque no es excluyente, que vivan allí.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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