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La columna de Zabo: Quedate y arreglalo

La columna de Zabo: Quedate y arreglalo.

Por Nicolás Zabo Zamorano
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Cuando era niño yo tenía una fascinación por desarmar cualquier cosa que se cruzara por mi camino. Desde controles remotos hasta electrodomésticos y adornos, nada se salvaba en mi casa si yo encontraba a mano un destornillador.

Mi curiosidad me llevó a destruir la compactera de ese minicomponente nuevo, y mi viejo casi se caga a trompadas con el vendedor cuando intentó devolverlo y él le dijo que alguien había metido mano. Perdón, pa, yo había metido mano.

Por alguna razón mi TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) me obligaba a conocer el interior de todo por completo. Dejar las cosas libradas a la imaginación no era una opción para mí, no podía quedarme con la duda. Entre saber e ignorar siempre preferí lo primero: sabiendo cómo funciona algo podés deducir por qué se descompuso y cómo arreglarlo. Siempre es bueno saber.

Pasaron los años y descubrí que no era necesario transportar esa necesidad mía a todos los ámbitos de la vida, como el amor. Descubrí que a veces es mejor tener confianza de que cuando llegue el momento de enfrentar algo que se rompió, los conocimientos para arreglarlo también llegarán a nosotros, que es sólo cuestión de buscarlos o quizá simplemente de tener fe. Y no me refiero a esa fe en la que ustedes piensan, no hablo de un carpintero pelilargo sacrificado en la cruz y vuelto collarcito.

Hablo de esa fe más ingenua y naif que nos hacía creer que levantando los brazos de verdad estábamos ayudando a Goku con su Genkidama a vencer a los malos. Esa fe que nos hacía creer que mamá y papá nunca nos van a faltar, esa fe que nos permite creer que hay cosas que no podés explicar e igual pasan, para bien o para mal.

Como creer en que todo va a estar bien aún cuando todo se derrumba (que es mejor que derrumbarse con todo alrededor); eso me costó aprenderlo, y mucho. Creer en las personas. Creer en las promesas. Creer que lo que dice el tipo de la radio es sincero. Creer en el amor, pero no en ése de gente estupidizada por las hormonas y la primavera, sino en una figura más cercana al concepto del que nos hablaba Saint Exupéry cuando se refería a “domesticar”.

Creer en algunos casos es mejor que saber.

Rompí muchas cosas en mi afán por explicarme la forma de funcionar de todo, pero siempre me quedé para arreglarlas. Alguna gente nos rompe y no se da cuenta, y muchas otras nosotros ayudamos a que nos rompan. De todas maneras, a ellos hay que decirles lo mismo que me decía mi vieja: quedate, arreglalo y recién ahí podés salir a jugar con los otros chicos.

 

Fuente Redacción Z
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