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TEMAS DE LA SEMANA

Informe Z: Visita al paraíso de la elegancia masculina

Rasuradas con fomentos en la barbería, paraguas con varillas de calidad, chambergos y ambos a medida

Por Gustavo Slep
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Hipólito Yrigoyen al 1300. Un hombre mira la vidriera de una sastrería. Lleva un bastón tallado y un paraguas que toca el suelo. El día está encapotado. Junto a él, un chico mira todo con curiosidad. La puerta de la sastrería se abre y sale otro hombre, vestido elegantemente con un traje cruzado a rayas y una barba prolijamente recortada. Un sombrero eleva su estatura. Se cruzan las miradas y se entienden. Entre ellos hay un código de caballeros. “Es mi nieto”, dice orgulloso el hombre del bastón y paraguas, señalando al chico. El otro lleva la mano a su sombrero y les hace una reverencia. El del paraguas toma por el hombro a su nieto. Están por entrar en un mundo de caballeros.
A cuarenta cuadras de ahí, en Caballito, la barbería La Época invita a hacer un viaje en el tiempo. Sobre la vereda, un conjunto de antiguas sillas de peluquería y secadores de pelo recibe a los visitantes. Un cartel advierte que “por orden del comisario se prohíbe entrar armado y con sombrero al despacho de bebidas”. Tres pizarrones anuncian con tiza los servicios que presta.
Adentro, maniobrando con precisión su máquina de afeitar, está Miguel Barnes, un dandy con título nobiliario propio, el de Conde de Caballito. Todo en su aspecto lo refleja: chaleco dorado, camisa blanca y moño, zapatos blancos y negros, barba y cabellos impecables. Barnes un día se cansó de atender la antigua verdulería familiar y se lanzó a hacer lo que siempre quiso: tener una barbería. Durante siete años recolectó los elementos que compondrían la barbería soñada. “Tenemos guardadas y archivadas unas 10 mil piezas y 16 barberías desarmadas”, asegura. Entre todos sus objetos, los que más enorgullecen a Barnes son aquellos que simbolizaban a las barberías. Especialmente, el “alcahuete, ese pirulín rojo y blanco que giraba y que estaba puesto en la puerta. Y también la bacía, que es una chapa que originalmente se usaba para sacar muelas”. Miguel explica que en sus inicios los barberos “éramos los encargados de hacer las cirugías menores. La medicina puso en los barberos muchas de sus actividades porque manejábamos muy bien los elementos de corte”. De ahí que el alcahuete fuera rojo, en referencia a la sangre que corría dentro de la barbería.
Los barberos no son simples peluqueros. “El peluquero sólo corta el pelo. El barbero es aquel que afeita. Acá somos peluqueros y barberos. Y afeitamos a la vieja usanza, aplicando fomentos”, dice Barnes.
Su clientela es variada. “Tenemos desde el recién nacido, a quien el padre trae para su primer corte, hasta un cliente de 97 años. Muchos hombres mayores traen a sus nietos sin decirles nada para obsequiarles una afeitada.” Miguel retoca la barba de Gustavo, un cliente que observa en el espejo el resultado del corte. “La forma y el estilo son importantes”, comenta Gustavo. “Vas a otra peluquería y no quedás igual. Además, te sentís muy a gusto y salís bien, reconfortado. Hoy también traje a mi pibe a cortarle el pelo.”
Miguel aclara en forma tajante que “la atención es exclusivamente al hombre. Hay mujeres que quieren que les cortemos el pelo, pero no. Es algo que no aceptamos”.
Empieza a gotear en la ciudad. Para resguardar el corte de cabello y la barba del mal tiempo con un buen paraguas está la paragüería Víctor, fundada por Elías Fernández, un inmigrante español que a mediados de la década de 1950 comenzó a dedicarse de lleno al oficio familiar. Hoy el negocio está a cargo de su hijo Víctor, quien le explica a cada cliente las ventajas de usar un paraguas de calidad. Víctor abre uno y señala que la diferencia entre un “paraguas ordinario y uno de calidad está en la cantidad de varillas, en la fortaleza del armazón y en el material que se usa”.
Víctor se especializa en la venta y arreglos de paraguas de calidad media y alta. Eso los llevó a tener “clientes de muchos años, que han comprado sus paraguas en el año 70 y a veces vienen a cambiar la tela o a comprar otro. Pero siempre hay una cantidad nueva de clientes que se incorporan a través del boca en boca”. Víctor rememora que “en el pasado había paraguas que se usaban como asientos, como bastones o como ventiladores”. Pero ahora sólo venden paraguas estándar.
SIGNOS DE BUENA POSICIÓN
Para quienes entienden que la elegancia empieza por la cabeza, casa Maidana ofrece una gran variedad de sombreros. El negocio fundado por Luis Maidana hace 102 años fue pasando de padres a hijos, hasta quedar en manos de su bisnieta, Adriana Maidana, la primera mujer al frente de la empresa familiar. Adriana explica que, a mediados del siglo XX, con el ascenso social de la clase media, el uso de sombreros se expandió, ya que además de usarse para vestir “era una señal de haberse elevado socialmente: mostraba que se había dejado la gorra para ponerse el sombrero”. Fue una época de auge del sombrero, favorecido por el hecho de que todos los lugares estaban “acondicionados para usarlo. Si ibas a un restaurante tenías las repisas para poner sombreros. Si ibas al cine, debajo de las butacas tenías para guardarlos”. Ya en la década de 1970, el padre de Adriana creó el modelo “corazón de potro” que hoy es el emblema de la casa Maidana. Muchos de sus clientes son “profesionales de buena posición, médicos y abogados, y también personas que practican deportes como el golf”. En la actualidad, el uso del sombrero está más restringido, ya que “tenés que estar vestido de una forma especial: tenés que usar traje y otro tipo de ropa. Para lo cotidiano, por ahí usan gorras”.
Y Creaciones Valentín da el toque de elegancia que busca el caballero a la hora de vestirse. Desde hace 87 años la casa que debe su nombre a su fundador se especializa en la confección de ambos, sacos sport y pantalones. En su inmenso salón no faltan las antiguas máquinas registradoras y antiquísimos implementos para la costura. La firma se fue traspasando de generación en generación en la familia. Hoy el nieto de Valentín, Guillermo, está al frente de la tienda. Su mujer, Natalia, lo secunda en su tarea y aclara que “nosotros no trabajamos moda. No es como una marca que hace algo por seis meses y después no se usa más. Sí tenemos una gran gama de colores, pero no es moda”. Es un estilo que construyeron durante décadas. Por eso atienden más clientes fijos que “gente de paso. Por lo general, vienen muchas familias. Vienen los bisabuelos, los abuelos, los hijos. Cuando los chicos entran en la facultad o cuando se reciben y quieren empezar a trabajar en la profesión que eligieron, viene el abuelo o el papá con el hijo y los empiezan a vestir como corresponde”. Sus clientes buscan “la calidad y la atención, que es muy personal. El cliente que viene sabe que nosotros sabemos lo que usa, lo que le gusta, el talle, lo último que se llevó. Se siente como en casa”.
La puerta de la sastrería se abre. El hombre de bastón y paraguas entra con su nieto. Un vendedor se acerca. El chico se va a probar un traje. El abuelo lo mira orgulloso. Sabe que hoy empieza a ser un caballero.

Lisito, lisito con Legión Extranjera
La barbería La Época es un museo viviente. Sus vitrinas están llenas de productos de época en sus envases originales: Lanoleche, Aromas del Cairo, Radico, jabones Le Sancy y Manuelita, hojitas de afeitar Legión Extranjera, Filomatic, Rostbart y Relámpago. Incluso una cabina telefónica de madera con un teléfono de principios del siglo XX. En las paredes cuelgan viejos anuncios con caricaturas en blanco y negro de productos que prometen la afeitada perfecta. Hay envases de Glostora, Monsuaré, Fixina y frascos de colonia Atkinson.
La barbería tiene una cafetería que se llena de bullicio. Los miércoles, jueves y viernes, de 16.30 a 18.30 hay encuentros de tango. Los sábados tienen estacionados vehículos antiguos y un camión lechero Chevrolet 28 que lleva a la gente de paseo por el barrio.

Célebres con sombrero
Distintas personalidades usaron sombreros de Maidana. Entre ellos, Alfredo Palacios, Horacio Ferrer, Manuel Mujica Láinez, Antonio Tarragó Ros, Antonio Ríos y Alberto Olmedo. Maidana confeccionó sombreros para films como Los siete locos y Boquitas pintadas, y obras de teatro como Jettatore! El prestigio de la sombrerería pasó las fronteras. El ex presidente Lula da Silva tiene un sombrero de Maidana. “Hay una foto de Lula con el sombrero abrazándose con Dilma Rousseff que salió en todos los diarios”, señala Adriana Maidana. La televisión francesa, australiana y la BBC de Londres realizaron documentales, interesados en el método artesanal de trabajo de la casa, que aún confecciona sus sombreros con el sistema Borsalino, todo a mano.
 
Direcciones
• Confecciones Valentín: Sastrería Masculina – Hipólito Yrigoyen 1320 – 4381-1911
• Paragüería Víctor: Avenida Independencia 3701 -4931-2625
• Peluquería y barbería La Época: Guayaquil 877 – 4903-7799
• Maidana Sombreros: Avenida Rivadavia 1923 – 4953-2257

DZ/LR
 

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