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“Impuros”, documental sobre la trata de mujeres en el 1900

“Impuros” cuenta la historia de los traficantes de mujeres Zwi Migdal, que entre 1880 y 1910 trajo unas tres mil mujeres judías de Europa por la Zwi Migdal para esclavizarlas en el circuito de la prostitución en la ciudad.

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cementerio de impuros en Avellaneda

Que las vivencias de las mujeres víctimas de explotación sexual no variaron nada en un siglo, que la lucha contra la trata tuvo una heroína en la lejana década del 30 y que los años de prostitución reglamentada (1875-1936) coincidieron con una época de auge del tráfico, son algunas ideas que desarrolla el documental “Impuros” a punto de estrenarse.
El largometraje documental fue dirigido por Florencia Mujica y Daniel Najenson, producido por Rodolfo Duran y Shlomo Slutzky, con el apoyo del INCAA y la investigación de Myrtha Schalom.
Zwi
Codirigido por Florencia Mujica y Daniel Najenson, el film refiere con su título a la manera como la comunidad judía local designó a los integrantes de una red de proxenetas judíos-polacos denominada Zwi Migdal, que entre 1880 y 1930 operaron bajo la fachada de una sociedad de socorros mutuos para indignación de quienes los segregaron y expulsaron de sus instituciones.
Pero como la película no pretende ser solamente una revisita al pasado sino tender puentes con el presente, una de sus protagonistas es la escritora y militante contra la trata de personas Sonia Sánchez, quien además presta su voz para que hablen las víctimas de antaño.
“En la época de la inmigración, cada comunidad tenía sus redes de trata porque en todo proceso migratorio siempre atrás vienen los traficantes que aprovechan esos canales abiertos y la vulnerabilidad del desarraigo. Pero la comunidad judía tiene la particularidad de que enuncia a sus propios traficantes como ‘impuros’, algo que no sucedió en el resto”, aseguró a Télam Mujica.
“Ser impuro o ‘tmein’ era peor que ser un delincuente”, agregó la escritora Myrtha Schalom, autora del libro “La Polaca” y de la investigación en la que se basó el documental.
A quienes se hicieron acreedores de ese mote se les impedía el ingreso a los teatros, rechazaba toda donación, denegaba la posibilidad de ser enterrados en los cementerios judíos regulares y hasta fueron blanco de denuncias por parte de la asociación israelita de ayuda a mujeres y niñas Ezrat Naschim.
“Estaba en una de las casas (de prostitución) de la Migdal. Mi cuerpo sería ofrecido al mejor postor. Toda mujer que se iniciaba en la vida era cotizada y yo lo fui”, relató una mujer en la carta que en 1906 envió a esta organización humanitaria.
Según plantea uno de los investigadores consultados por el film, José Luis Scarsi, entre 1880 y 1910 un total de tres mil mujeres judías que habían sido traídas de Europa por la Zwi Migdal o sus antecesoras, estaban ya insertas en el circuito de la prostitución en la ciudad de Buenos Aires.
“La Migdal tenía unos dos mil prostíbulos y ramificaciones en Uruguay y Brasil, pero también en EEUU y en Sudáfrica”, agregó Schalom.
“Las mujeres eran traídas de Europa –al revés de lo que ocurre ahora, que son llevadas para allá- y en esa época los traficantes se casaban con sus víctimas porque la mujer casada era propiedad del marido”, contó Mujica.
“La mafia judía en particular estaba muy organizada y era muy vistosa porque tenía una sede social en la Avenida Córdoba y sus integrantes acostumbraban mostrarse llevando una vida ostentosa. Esto también puso en crisis la relación con la colectividad”, agregó.
Y todo esto se produjo en plena vigencia del Reglamento de Prostitución en la Ciudad de Buenos Aires establecido en 1875, que legalizó los prostíbulos y creó un “registro de prostitutas”.
“En este momento, los prostíbulos funcionaban perfectamente articulados con las redes de trata, que eran fuertísimas. El tráfico de mujeres era ilegal, pero una vez que entraban en territorio argentino, era un trabajo aceptado. Esto demuestra que la idea de que la reglamentación (de la prostitución) resuelve la trata de personas es un engaño histórico”, dijo Mujica.
Pero a diferencia de otras redes de trata que siguieron operando sin ser molestadas, la coyuntura de la época -marcada por un fuerte antisemitismo- y la valiente denuncia de una víctima, la Migdal fue desbaratada.
La palabra de la judeo polaca Raquel Liberman fue el puntapié inicial para que fueran encarcelados de una vez 108 proxenetas y se librara la captura internacional contra otros 334 prófugos, aunque más tarde todos serían excarcelados por testimonios insuficientes.
“Si bien la comunidad había tenido hasta entonces una actitud de denuncia muy activa, ciertas cúpulas decidieron poner un manto de silencio sobre lo ocurrido porque si bien el proceso judicial salió mal, les generó un estigma muy grande”, agregó Mujica.
Y ese “silencio de 100 años” también invisibilizó a las víctimas, cuyo paso por este mundo puede ser rastreado hoy todavía en los Registros de prostitutas, los pedidos de ayuda y los sectores de “impuros” de distintos cementerios de la colectividad.
Para Schalom, si el fenómeno de la trata y sus redes se ha mantenido hasta nuestros días es porque la sociedad falla en ofrecer una “educación sexual integral” que ponga énfasis en “la dignidad de los seres humanos, igualdad de género y la prevención de la prostitución”.
El preestreno tendrá lugar el próximo domingo a las 19 en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635, en el marco de la muestra anual de Documentalistas Argentinos (DOCA).
Fuente Télam
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