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TEMAS DE LA SEMANA

Eva Giberti: ‘Llaman cuando se dan cuenta de que las lastimaron mucho’

Reportaje a la psicoanalista, feminista y pionera defensora de derechos de mujeres y chicos.

Por Romina Calderaro
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Todos los días, muchas mujeres víctimas de diferentes tipos de violencia llaman al número 137. Es el teléfono del Programa Las Víctimas contra las Violencias, que creó y dirige la doctora Eva Giberti en la órbita del Ministerio de Justicia de la Nación. El número atiende emergencias todo el año exclusivamente en la ciudad de Buenos Aires. Si la mujer lo requiere, un equipo multidisciplinario acompañado por la policía acude al lugar desde donde llamaron. Desde octubre de 2006, cuando comenzó a funcionar, hasta septiembre de 2011, produjeron 11.384 intervenciones.

¿Qué se hace en esta oficina?
Ésta es la sede del Programa Las Víctimas contra las Violencias, un programa grande ideológicamente porque no trabajamos detrás de un escritorio y conseguimos ocuparnos de las víctimas trabajando en terreno. Nuestra estrategia es nueva en el país y en Latinoamérica, y así lo reconocen los países amigos que nos citan en los congresos para que contemos cómo es esto. Cuando una víctima pide ayuda y llama al 137, sale inmediatamente un móvil policial que lleva a dos agentes de policía y a dos profesionales.

¿Solamente puede llamar la víctima?
También puede llamar un tercero, un familiar, un vecino.

¿Por qué va la policía?
Porque es posible que en la casa todavía esté el golpeador. Y si se escapó cuando se enteró de que la mujer estaba pidiendo ayuda, lo más frecuente es que vuelva o mande a algún amigo, o a su madre. Son formas de amedrentamiento de la víctima. Entonces el policía va a custodiarnos y a pegar una primera mirada. Después baja el equipo: un psicólogo o una psicóloga o un trabajador social.

¿Y qué hacen?
Por lo general nuestras intervenciones duran 4 o 5 horas. Conversamos con la señora, vemos cómo se siente y sobre todo nos hacemos cargo de ella. Si hace falta la llevamos al hospital o a la comisaría. Si la mujer quiere judicializar el caso llevamos la denuncia a la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema. Si no quiere, la llevamos a donde nos pida o le buscamos un lugar con familiares o amigos donde pueda quedarse durante un tiempo. Nuestro programa se ocupa de emergencias y de urgencias, no hacemos asistencia jurídica ni seguimiento. El equipo mantiene contacto con la víctima unos 20 días para ver si la mujer entiende qué es lo que tiene que hacer o si quiere que se le recomiende un grupo de apoyo. A veces se las manda a grupos de apoyo de la ciudad de Buenos Aires. Pero el seguimiento no supera los 20 días. También nos hacemos cargo de los chicos, los levantamos.

¿Cómo están los chicos?
Aunque no exista ninguna denuncia, el niño aparece como testigo inmediato de la situación y con frecuencia la madre cuenta que el chico también es golpeado.

¿Por qué las mujeres no reaccionan ni siquiera por sus hijos?
En oportunidades no reaccionan, incluso no aceptan hacer la denuncia que les proponemos desde el equipo móvil porque están aterrorizadas. Temen la reacción del compañero. Piensan que si lo denuncian por golpear a sus hijos se incrementará la violencia contra ella y contra los chicos. Porque la historia de violencia familiar lleva años en ese grupo humano. En algunas situaciones dicen: “Le pega fuerte pero no siempre, a veces”. Les parece tolerable y aun normal que se ejerza violencia contra los chicos.

¿Cuándo se pide ayuda?
Cuando ya no da más, cuando puede superar el umbral del terror. En determinado momento se da cuenta de que la han lastimado mucho y ésa es la instancia en que llama. Muchas mujeres no saben que pueden rebelarse, hay mujeres que siendo niñas han sido violadas por su padre o castigadas por sus hermanos y por su propia madre. Ingresan a la pareja con un estado de sometimiento aprendido. Otras veces se quedan porque no pueden mantener a los chicos que no necesariamente quiso engendrar. En infinidad de casos yo diría que es porque siguen queriendo a su compañero, no pueden desprenderse del amor que sienten por ese sujeto. Finalmente, en muchos casos es porque les parece que una mujer sin hombre está incompleta, no quieren mostrarse ante la comunidad sin un compañero, porque es como que no la quisieron, que un tipo no la amó. Entonces aguantan muchas cosas con tal de seguir con un compañero.

¿El golpeador utiliza a los chicos como vehículo de castigo contra la mujer?
Se ataca a la mujer mediante el homicidio del hijo, particularmente del hijo de ella, porque de ese modo se ejerce una venganza certera. Se golpea donde la herida será inolvidable y dolerá siempre. Es una forma de la perversidad, como decisión de continuar viviendo en la mente de ella, cada vez que añore la vida con el hijo que el sujeto asesinó. Son formas encubiertas de femicidio.

¿Quienes llaman al Programa piensan que las pueden matar?
Viene sucediendo desde hace poco más de un año que llaman chicas que dicen que su novio o el pibe con el que salen las amenazan con que las va a quemar, con que las va a rociar. En esos casos salimos con el móvil, vamos inmediatamente a hacernos ver en el barrio.

¿El asesinato de Wanda Taddei, la mujer del baterista de Callejeros, implicó un aumento de las amenazas?
Creo que sí. Pero creo que, más que el fallecimiento, lo que pesó fue la impunidad del agresor, que durante tanto tiempo estuvo en libertad. Realmente el número de femicidios por quemadura es impresionante, y aumenta. Nos llaman y nos dicen ‘me está amenazando’. Hay que dejar en claro que quien amenaza viola la ley, es la figura de amedrentamiento.

¿Por qué la violencia psicológica está más naturalizada que la física?
Porque la mujer no la reconoce, no la detecta. La violencia psicológica se genera a través de insultos cotidianos, de los celos. Tengo un mensaje de una mujer que dice que está asustada, desesperada por los celos del marido y cuenta cómo aumentan día tras día. No pide la ayuda del 137 sino orientación.

¿El programa también brinda orientación?
Tenemos un cuerpo interdisciplinario que trabaja con los expedientes que nos mandan los jueces para que entrevistemos al golpeador, a la familia y a los chicos. Es otra área del programa que tiene una característica única: somos los únicos que entrevistamos a los golpeadores.

¿Acuden a las entrevistas?
Se los cita de oficio, no tienen mucha opción.

¿Los golpeadores son malas personas o enfermos?
Enfermos no son. Eso es rotundo, salvo algún alcohólico o algún paranoico para internación, que serían casos de trastornos especiales, no son enfermos. Personalmente creo que son abusadores de poder y que disfrutan enormemente cuando la víctima llora, se queja o les dice “por favor no me pegues más”. Entiendo que es una forma de expandir el yo, golpear es una forma de sentirse importantes y de excitarse.

¿Por qué abusadores de poder?
Porque son sujetos sin antecedentes de estar peleándose con un policía o con el jefe. Golpean a sus mujeres y a sus hijos exclusivamente. Esto es lo que permite entender que no son enfermos.

Esto nos lleva al poder que atraviesa las relaciones humanas.
Se llama patriarcado. Y nuestro país está muy atravesado por el patriarcado, particularmente en profesiones como el derecho y la medicina.

¿Por qué?
Son dos profesiones donde la fuerza del patriarcado es enorme. Nosotros lo padecemos con determinados jueces que no están dispuestos a creerle a la víctima de abuso sexual o de violencia familiar. Salvando siempre las excepciones porque hay jueces magníficos, pienso que hay que cambiar la currícula de la Facultad de Derecho y empezar a enseñar qué es una víctima. Porque no le creen a la víctima.

¿La violencia se cambia culturalmente?
Sí, enseñándoles a los chicos desde el jardín de infantes qué significa ser mujer y qué significa ser varón o transgénero, porque a los transgéneros no tenemos que dejarlos de lado. Le corresponde al Ministerio de Educación.

Pero las mujeres son las que educan a los varones.
Sí, resultan machistas porque la mamá se encarga de decirle “Nene te voy a llevar el desayuno a la cama”. Pero no como mimo porque un día está enfermo sino porque es el varón y en vez de decirle “Fulanito andá a poner la mesa, lavate las zapatillas y andá a hacer las compras”, le dice que vaya a jugar al fútbol porque la hermana se va a encargar de hacer las compras o tender la cama. Es el patriarcado.

¿Los casos de violencia han aumentado?
No lo puedo decir porque no hay estadísticas comparativas. Si yo comparo con nuestras propias estadísticas, que somos los únicos que tenemos estadísticas de 2006, la violencia está en alza porque también están en alza las llamadas. Pero no se puede afirmar, es muy delicado. Lo que sí aumentó es el tipo de violencia, la crueldad.

¿Qué responde un hombre cuando se le pregunta por qué golpeó a su mujer?
El hombre cuando trata de justificarse dice “me puso nervioso, me saca de las casillas, no me obedece”. Cuando la lastimó mucho dice que no quería hacerlo; con cierta frecuencia dicen yo no habían pensado en lastimarla tanto. Pero en general la primera respuesta es que no lo obedece y lo pone nervioso.

¿Es posible que un golpeador cambie de conducta?
Lo he visto en escasas oportunidades, se podrían contar con los dedos de una mano. No obstante creo que vale la pena intentarlo mediante grupos de trabajo, crearles responsabilidad acerca del tema. Sin embargo no consigo que quienes hacen esos grupos me pasen estadísticas. Creo que no las tienen, que no saben el número de reincidencia. La historia es que les produce placer golpear.

Una última pregunta: ¿cómo se les explica a los chicos y a las chicas casos como el de Tomás o de Candela?
No puedo generalizar. Cada niño o niña precisa escuchar de los adultos lo que podría entender y asumir. Esa evaluación pueden hacerla los padres o las maestras, quienes conocen su forma de reaccionar. Alguna criatura puede reaccionar asustándose, otra negarse a entender, otras negando los hechos. El problema lo tenemos los adultos cuando tratamos de regular las reacciones de niños y niñas. Cada cual hará lo que pueda con esa información. Es inútil pretender disimularla, encubrirla, morigerarla o impresionar a los chicos y a las chicas. Cada uno, cada una, según su edad, sus experiencias y su manera de percibir el mundo, manejará estos horrores de acuerdo con sus posibilidades. O sea, el trabajo de pensar como explicárselo a los niños y niñas depende del conocimiento que los adultos tengan de las criaturas. Ése es el problema ¿saben cómo podría reaccionar cada hijo o hija? ¿Sabrán cómo acercarse a ellos sin necesidad de orientación psicológica? Porque en estas circunstancias se trata de hablarles de la vida mediatizada por la muerte. Y los que tienen problemas para hablar de la muerte son los adultos. En estas circunstancias es un problema particularmente grave porque la muerte de niños o niñas nos compromete afectivamente, sin excepción.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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