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TEMAS DE LA SEMANA

‘Cristina va más allá de la experiencia histórica del peronismo’

El politólogo argentino, Ernesto Laclau, llegó al país para presentar un ciclo de entrevistas.

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Mientras se saca una foto con la encargada del hotel céntrico en el que para durante su estadía en Buenos Aires, Ernesto Laclau recuerda que en ese mismo lugar conoció al ex presidente Néstor Kirchner. “Estamos viviendo el mejor momento de la Argentina”, dirá sin vueltas el politólogo radicado en Londres desde hace más de 30 años y que el domingo 9 de octubre debuta en televisión con un ciclo de entrevistas con grandes pensadores.

El filósofo italiano Antonio Negri le escribió en su cuaderno de anotaciones al finalizar una de las entrevistas para el programa: “No soy optimista, pero tengamos coraje”. ¿Se puede relacionar este pensamiento con el movimiento de los indignados? ¿Es hora de dar un paso más?
No sé si un paso más, pero sí es necesario que a partir de la falta de estructuración de esas movilizaciones, surja algo más estructurado. La primavera árabe no se sabe muy bien dónde va a terminar porque todavía esos movimientos no han logrado cristalizarse en forma política más o menos identificable. Vamos a tener que ir avanzando hacia formas de especificación política que van a ser diferentes de las que existían anteriormente.
La izquierda ganó en Francia pero retrocede en España. ¿Cuál es su análisis?
Veo complicada la situación de la izquierda europea, creo que la izquierda latinoamericana está en una posición mucho más robusta y con posibilidades de futuro. Tanto Toni (Negri) como yo apoyamos el “sí” en el momento del referéndum de la Constitución europea, y eso fracasó, pero el “no” no ha construido nada. Yo no veo que en la izquierda europea se esté dando una línea de desarrollo. En Latinoamérica está mejor constituida y además está ligando las dos líneas fundamentales: una democracia de base, de nuevos grupos que empiezan a consolidarse (lo que fue en la Argentina las fábricas recuperadas, el movimiento piquetero) y de otro lado hay un intento de influir en el poder formal parlamentario. Esa combinación de las dos formas es lo que no se está dando en la izquierda europea. El kirchnerismo logró una síntesis muy buena como lo consiguieron otros movimientos como el de Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela. Se da una nueva democracia de bases, movilizada, y por otro lado la aceptación del poder parlamentario: es la primera vez que ocurre algo así en América Latina, porque antes lo que era democrático y lo que era liberal eran incompatibles. Ahora hay una síntesis entre las dos tendencias y eso está dando sus frutos.
Usted es un teórico del concepto de populismo, que tan mala prensa tiene.
Para mí el populismo no es un concepto peyorativo, tampoco positivo. Simplemente significa una forma de construcción de lo político a través de la cual se les interpela a los de abajo frente al poder constituido. Ahora eso se puede hacer desde ideologías muy distintas. El maoísmo fue un populismo pero el mussolinismo también fue un populismo. Decir populismo no es decir algo bueno ni malo, es un concepto relativamente neutral, como dijo (Étienne) Balibar en la entrevista para Encuentro. Yo creo que todo régimen político está polarizado entre dos extremos: el institucionalismo total en el cual la política desaparece y se reduce a la administración y el populismo puro. El general Roca tenía como lema “paz y administración”, o sea la extinción de lo político.
Como “orden y progreso” en Brasil.
Exacto, pero la fórmula originaria que venía de la Iglesia positivista brasileña era “orden es progreso”, con una connotación aún más fuerte.
Se interrumpe la entrevista para ultimar los detalles de una reunión con el ministro de Economía, Amado Boudou, y el semblante de Laclau se vuelva aún más afable.
Si Boudou le pide algún consejo, ¿qué le diría?
Que sea vicepresidente. Seguro que lo va a hacer mucho mejor que Cobos (risas).
¿Qué opina del rumbo económico del país?
Yo creo que está muy bien. Hemos tomado un rumbo pragmático. Si hubiésemos seguido las mismas políticas ortodoxas estaríamos en el mismo desastre que está Grecia. Se habría creado una política de ajuste, que ya lo pasamos con el menemismo y luego con De la Rúa. Hoy estamos fuera de ese modelo. Y creo que estamos bien encaminados.
¿Y políticamente?
También estamos fuertes. Yo creo que nos hemos mantenido alejados de los extremos, del institucionalismo puro y del populismo puro y hemos llegado a un equilibrio que va a hacer posible que el país siga adelante. Seguramente va a haber algunos coletazos de la crisis mundial: en algún momento va a repercutir sobre la economía argentina pero una cosa es que repercuta bajando del 8 por ciento de crecimiento anual al 5 por ciento y otra es un ajuste brutal que no lleva a nada.
¿La Presidenta ha logrado un poder hegemónico?
Yo creo que sí y creo que la Presidenta ha hecho algo más que lo que se llamaría la continuidad del kirchnerismo; le ha dado una impronta personal muy fuerte al rumbo del país.
¿Cuál es esa impronta de Cristina?
Ir más allá de la experiencia histórica del peronismo. Hay un cristinismo que se manifiesta en muchas cosas, como La Cámpora y otras formas similares que vienen de la matriz histórica del peronismo pero al mismo tiempo están moviéndose en una dirección nueva y más creativa.
Resumo que ve con optimismo el presente.
Con absoluto optimismo. En realidad soy un muchacho no tan joven (76 años), pero es el mejor momento que he vivido en toda mi vida respecto de la Argentina.
¿Incluso del primer peronismo?
Incluso del primer peronismo. Porque el primer peronismo tenía toda un área confrontativa que limitaba. Ahora es un momento de la política en la que las limitaciones desaparecen.
Pero la confrontación es necesaria para la construcción, es parte de su tesis.
Vamos a tener algunas confrontaciones. Van a existir siempre los Morales Solá y las Sarlo, pero de todos modos tenemos fuerzas como para resistir a esos momentos.
¿Cuáles son las piedras en el camino para una segunda presidencia de Cristina?
La oposición ya no es oposición; es una especie de chiste. Hay figuras como Duhalde y Ricardo Alfonsín que simplemente van a desaparecer del panorama político. No veo una oposición política real. Hay grupos de poder económico. Si uno piensa en el señor Magnetto, se ve un grupo corporativo que está opuesto al proyecto nacional. Y mucho más poderosos que la oposición. Con esa gente vamos a tener que lidiar.
¿Cuál es su opinión de Mauricio Macri?
Yo creo que las dos figuras políticas de una oposición viable que surgen en la Argentina son Macri y Binner. En el caso de Binner es una oposición decorosa, que puede representar algo, mientras que la unión Alfonsín-De Narváez era un disparate. Cualquier régimen político necesita una oposición seria. Binner sería una figura interesante: puede dialogar con el Gobierno y a la vez mantener una actitud opositora.
¿Y Macri?
Va a tener que limar su derechismo, porque eso no lleva a nada. Yo creo que al final va a estar cerca de Binner. No en lo inmediato, pero sí en el mediano plazo. Macri se ha moderado mucho, ha establecido un diálogo con Cristina y de alguna manera va a ser una fuerza que va estar allí en el escenario. Otras fuerzas van a desaparecer. Carrió, por ejemplo, ya no es una posibilidad.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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