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Política

Crisis bonaerense: los caminos de Scioli

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por: Eduardo Blaustein
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Mientras se escriben estas líneas se produce la foto que muestra a Daniel Scioli junto o cerca de la Presidenta, en un acto oficial transmitido en cadena. La Presidenta aprovecha su discurso para desgranar meticulosamente ante Scioli las capacidades que tiene la provincia, como quien dice “con todo lo que tenés, arreglate”. Ahora que las relaciones entre los gobiernos nacional y bonaerense parecen entrar en una senda más tranquila, puede decirse que los problemas financieros de Scioli no provienen tanto de la imprevisión como de la levedad.

El gobernador tiene buenas razones cuando dice que la desaceleración económica impacta en la capacidad de recaudación del fisco bonaerense. También cuando menciona la injusticia estructural que viene sufriendo su distrito, desde mucho antes de su gestión, en términos de coparticipación. Lo dice con esa paciente manera suya de no quedar mal con nadie, cuando gobernar es resolver conflictos de intereses.
Como Mauricio Macri, Scioli hace de la “no confrontación” una pobre bandera. Hasta que termina confrontando con 450 mil trabajadores que cobran el medio aguinaldo del Estado.

El problema de la coparticipación es el mejor ejemplo de que gobernar es lidiar con intereses encontrados. Para cambiar lo que percibe Buenos Aires por coparticipación una o más provincias deberían mutilar recursos que reciben y decir: “Nos inmolamos para que Buenos Aires se lleva parte de lo que nos toca”. El Congreso nacional debería obtener el consenso casi imposible para modificar el actual estado de cosas y luego cada uno de los 23 parlamentos provinciales debería sumar su ratificación.

Todo esto Scioli lo sabía antes de ser gobernador. Y sabía seguramente cuál iba a ser el impacto de la desaceleración económica. Por lo que apostó a financiar déficit emitiendo deuda. Descubrió luego que no podía contraerla porque le resultaba carísimo hacerlo.

Tarde pero poco

En esta columna se dijo la semana pasada que sólo ante el doble apriete del mal cuadro fiscal y de las presiones del gobierno nacional el gobernador se animó a elevar tímidamente los impuestos a las mejores tierras del país. Pagaban chauchas; ahora chaucha y palitos. Esa microrreforma fiscal por la que la Mesa de Enlace quiso hacer tronar el escarmiento dejó afuera al 60 por ciento de los contribuyentes afectados. La comunicación política sciolista apostó precisamente a eso: “Apenas si tocamos al 40 por ciento”.

Tratando de explotar las tensiones reales entre Nación y gobierno bonaerense, medios y políticos opositores explotan cierto destrato del kirchnerismo para con el gobernador. No cabe duda de que los modos de obrar del oficialismo nacional son, por así decirlo, llamativos. Porque erosionan la noción de la voluntad popular que llevó a Scioli a la gobernación a favor de una idea vertical de conducción política y subordinación al “espacio” o al “modelo”.

Sin embargo, las tensiones con Scioli existieron desde siempre, incluyendo al menos dos resonantes tempranos retos públicos de Néstor Kirchner (en agosto de 2003 le quitó la Secretaría de Turismo), que fue a la vez el que originalmente lo convocó para la fórmula presidencial de 2003.

Puede haber sorpresa en los tonos y en cierta conocida grandilocuencia kirchnerista. Pero no puede decirse que hay puro castigo presidencial a Scioli por haber adelantado sus aspiraciones para 2015. Lo demuestran no sólo los últimos mil millones que recibió la provincia como ayuda sino los miles de millones anteriores en obra pública o aplazamiento de deudas. Y en todo caso, para explicarlo desde la historia política aún reciente, habrá que entender que el frágil entendimiento entre Kirchner y Scioli fue el modo apurado que encontró el primero para afrontar elecciones en un país en el que habían volado por los aires las instituciones, los partidos, los bancos, la economía, la pobreza, las esperanzas y también la representación política.

Para el otro lado, batallón

Con desaceleración, con suba de precios, con control del dólar y de las importaciones, ante todos los problemas reales, el gobierno nacional sigue demostrando que enfrenta un cuadro complicado a pura iniciativa, y no con ese tipo de inconsistencia en la que se puede incluir a Scioli, a Macri… a Fernando de la Rúa. Para decirlo de otra manera: sea enfrentando los problemas de la crisis global (es una necedad negar cómo impacta lo que sucede desde Brasil hasta Europa y los EE.UU.) o los que no supo resolver hasta ahora, el gobierno nacional va para un lado y Scioli amaga a ir para el otro, o se queda en el mismo prudente lugar.

Scioli no quiso o no supo buscar mejor recaudación entre quienes más ganan. Por el contrario, y si bien obligado por las circunstancias que construyó, el gobierno nacional recuperó YPF, lanzó un vasto plan de viviendas, créditos para los jubilados, modificó la Carta Orgánica del Central que hoy le permite obligar a la banca privada (que con permiso oficial la levantó en container en todos estos años) a poner una mínima parte de sus depósitos al servicio de la creación de empleo y producción. Es una respuesta simétrica a la que se inició a nivel nacional en 2009. De la crisis por el lock-out agrario y la derrota electoral en provincia el kirchnerismo salió por el lado de la audacia: reestatización de las AFJP y Aerolíneas, Asignación Universal por Hijo, aumentos en las jubilaciones, programas de sostenimiento del empleo, Ley de Servicios Audiovisuales.

En ese sentido, y aún con lo resonantes que son ciertas actitudes y discursos oficiales, al kirchnerismo le asiste alguna legitimidad cuando plantea que no apoyará una salida de la crisis fiscal bonaerense por el lado de los “ajustes neoliberales”. A la hora de cerrar esta columna, tal parece que se encarrilan las conversaciones con el gobierno nacional para salir del brete. A menudo el kirchnerismo se maneja con modales poco corteses. Pero su eficiencia política, en general, le ha permitido capear más de una tormenta, sin que necesariamente pierdan los más débiles de la sociedad.

DZ/km

Fuente: Redacción Z
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