Tiempo en Capital Federal

35° Max 24° Min
Muy nuboso
Muy nuboso

Humedad: 31%
Viento: Norte 22km/h
  • Sábado 16 de Diciembre
    Cubierto27°   37°
  • Domingo 17 de Diciembre
    Cubierto con lluvias19°   27°
  • Lunes 18 de Diciembre
    Parcialmente nuboso17°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Carlos Perciavalle: “Las mujeres fueron vitales en mi vida”

Nacha Guevara, Susana Giménez, China Zorrilla y Nélida Lobato son algunas de sus amigas que pueblan las páginas de su primer libro.

Por Teté Coustarot
Email This Page
tete_perciavalle

Me senté a conversar con Carlos y no pudimos evitar recordar aquella anécdota en la que China marcó el número de emergencias y dijo: “Hola, soy China Zorrilla, estoy en lo de Carlos Perciavalle con Teté Coustarot jugando a la canasta y Susana Giménez se está muriendo en la cama; por favor venga un médico”. No vino nadie. Seguramente pensaron que una llamada de ese tipo a las tres de la madrugada era una broma. Carlos reunió decenas de anécdotas como ésta y unas fotos divinas en Las mujeres de mi vida, el libro que está presentando y que recorre su vida a través de sus mujeres.

Me sorprendés, nunca imaginé que ibas a escribir un libro.
Lo empecé a escribir hace 13 años. A mano, porque no sé escribir a máquina. Un día, mientras miraba la laguna de casa –Carlos tiene una casa de ensueño en Laguna del Sauce– reflexioné que había conocido mujeres geniales y decidí hacer un libro que no sea de chimentos sino de experiencias personales. Todas fueron vitales en mi vida, empezando por mi hermana. Mujer que conocí, mujer que siguió siendo amiga toda la vida. No puedo decir lo mismo de los hombres. Mi relación con las mujeres fue mucho más constante.

Entre ellas, María Elena Walsh.
Yo estaba en el conservatorio y Alberto Fernández de Rosa hacía con ella Canciones para mirar y no podía ir a hacer temporada a Necochea. Eligieron a cuatro chicos, entre los cuales estaba yo, y cuando María Elena nos vio, me dijo “vos vas a hacer el papel”. Nunca había visto la obra, y en mi primera función escuché cantar a dos ángeles.

¡Leda Valladares y María Elena Walsh!
Después seguí haciendo la obra en giras y más tarde China (Zorrilla) me propuso hacerla en Nueva York. Estuvimos dos años en cartel.

También conociste a Susana Rinaldi, Amelia Bence, Zully Moreno, Nacha Guevara… ¡Fueron las modernas de la época!, las que rompían con todo.
Nacha es mi amiga desde que teníamos 15 años. Ella fue la que me enseñó a cobrar por adelantado porque cuando terminaba el show todo el mundo desaparecía.

¿Y qué significó Nélida Lobato en tu vida? Arriba del escenario, se comía el mundo.
Recuerdo que un día vino Víctor Laplace –ex pareja de Nélida y, en aquel momento, ya separados– a pedirme ayuda porque no podía estar las 24 horas con ella. Empecé a ir a su casa en Martínez, me tiraba a su lado en la cama y nos reíamos toda la tarde. Cuando yo estaba con ella no quería tomar los calmantes porque decía que no le dolía nada.

Lo lindo de este libro es que vas recorriendo tu vida: los programas de televisión, el teatro y siempre tuviste el pelo de una manera diferente.
Lo llegué a tener de todos los colores y formas. La gente creía que era peluca. Una vez, para Los Roldán, me dijeron que tenía que haber algún cambio y me lo teñí de azul. ¡Imaginate cómo quedaron las almohadas! (risas).

Mirtha Legrand también fue una presencia en tu vida.
La conocí cuando ella ya era una estrella, en un festival de cine en Punta del Este. Ya de chico me gustaba ir a esas largas sesiones de cine y después de una policial o de aventura siempre cerraban con una película de Mirtha Legrand o de Hollywood. Siempre la tuve presente. Hablamos, me prometió que me iba a llamar y cumplió. A las dos semanas me invitó a su programa. Yo no era nadie y ella invitaba a gente muy famosa.

¿Y te acordás cómo fuiste vestido?
En esa época me planchaba el pelo con plancha, tenía las orejas quemadas –sí, lector: antes nos planchábamos el pelo con la plancha de la ropa– y me puse un traje azul. Yo era una figura insólita en la televisión argentina, venía de hacer un éxito, pero en Nueva York. Gracias al programa me hice conocido. Siempre que fui a almorzar con ella, al otro día el teatro estaba lleno.

Con Susana hiciste teatro.
Ella estaba haciendo una revista con Porcel y Olmedo en el teatro Astral; y el productor quería hacer una revista en el Estrellas de Mar del Plata, pero con un cómico blanco, al que pudieran ver los chicos. Hicimos una temporada maravillosa. El teatro siempre estaba lleno.

Y después pensaste en ella para La mujer del año.
Al principio, cuando compré la obra, había pensado en Mirtha Legrand, pero (Daniel) Tinayre me dijo que ella no podía con su programa de televisión y dos funciones en el Maipo. Después pensé en rejuvenecer a la protagonista y llamé a Susana, con quien habíamos visto la obra juntos en Nueva York. No quiso saber nada, pensó que le estaba diciendo vieja. Más tarde, la obra se reestrenó en Broadway con Raquel Welch, ídola de Susana. En ese momento me dijo que sí y así llenó el teatro durante tres años.

¿Tita Tamames fue como una hermana para vos?
Éramos mellizos del 16 de mayo y festejábamos los cumpleaños juntos, teníamos una afinidad absoluta. Ella trabajaba siempre conmigo en todas las ambientaciones… Cuando remodeló su casa me reservó un cuarto, “para cuando no tengas a dónde vivir”, me dijo y yo viví mucho tiempo con ella. Fue una mujer muy divertida.

También hablamos de China Zorrilla, una de las mujeres que aparece en casi todas las páginas de su libro. Y, aprovechando su visita a Buenos Aires, le pregunté qué lugares le gustaban de nuestra ciudad cada vez que cruzaba el charco. Me contó que le gusta con locura San Telmo, el Teatro San Martín y lo que fue el teatro Grand Splendid, en la calle Santa Fe, donde hoy está una enorme librería. Precisamente ahí se encuentra su libro esperando gritar estas historias que no tienen desperdicio.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario