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Basta de marchitarse: más sexo en la tercera edad mejora el rendimiento cognitivo

Lo reveló una investigación publicada en la prestigiosa revista The Journals of Gerontology, de la Sociedad Americana de Gerontología.

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Relaciones genitales, masturbación o caricias, no importa cómo, pero sexo. El paso del tiempo no debe marchitarlo. Las personas mayores que mantienen actividad sexual con más frecuencia tienen un mejor rendimiento cognitivo, mayor habilidad visoespacial y una más fluidez en el lenguaje. Lo concluye un estudio publicado en la prestigiosa revista The Journals of Gerontology, una publicación de la Sociedad Americana de Gerontología.

La investigación se realizó en un universo de 73 personas de entre 50 y 83 años y consistió en una evaluación cognitiva -a través del examen de Addenbrooke (ACE-III)- y un cuestionario sobre la frecuencia de la actividad sexual (SA)  -donde debía elegirse entre nunca, mensual o semanal-, salud general y estilo de vida. El resultado fue concluyente: quienes respondieron tener mayor frecuencia en la actividad sexual registraron una respuesta significativamente mejor en el estudio ACE-III, la fluidez y las puntuaciones visoespaciales.

“El ACE es un estudio que evalúa, entre otras cosas, lo que denominamos la memoria operatoria o de trabajo, esto es, por ejemplo, lo que estamos haciendo online, saber de qué estamos hablando ahora.  La fluidez está vinculada a la capacidad y recuperación de palabras, y a la habilidad visoespacial, que es lo que hace que una persona, al pensar un objeto, poder imaginarlo en otro lugar, o sea que se vincula también con la planificación”, explicó a Télam el psicogerontólogo Ricardo Iacub.

“Aunque pudo establecer que existe un vínculo entre la mayor frecuencia de la actividad sexual y algunas funciones cognitivas, el estudio no establece con claridad si la SA funciona como compromiso social, actividad física o ambas cosas, o sea un conjunto de elementos emocionales, psicológicos y biológicos”, explicó el especialista y docente de la cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“No obstante, los hallazgos actuales se alinean con la teoría de que la actividad sexual aumentada conduce a la secreción de dopamina mejorada y esto se relaciona con la mejora de la memoria de trabajo y la función ejecutiva en adultos mayores”, resumió Iacub, que además mencionó que este no es el primer estudio que se realiza sobre esta teoría.

En 2016, una investigación publicada como Sex on the brain! profundizó los estudios sobre el tema que venían haciendo Hayley Wright, Rebecca A Jenks, Nele Demeyere, de las Universidades de Coventry y Oxford en Gran Bretaña. Los expertos mostraron que las puntuaciones cognitivas totales fueron consistentemente mayores en aquellos que son sexualmente activos en comparación con aquellos que no lo son.

“Este tipo de investigaciones tiene un fin social muy importante, que es demostrar que vivir bien, y la sexualidad sabemos que forma parte de eso, tiene un impacto positivo en la salud personal, lo que en definitiva impacta sobre la salud pública”, indicó el psicogerontólogo autor de los libros Erótica y Vejez (Paidos, 2006) y El Poder en la vejez. Entre el empoderamiento y el desempoderamiento (PAMI, 2012), entre otros.

“Si bien existe una mayor aceptación de la idea de la importancia de la sexualidad y erótica en la vejez, cuando esto tiene que pasar de la teoría a la representación todavía se encuentra en el orden de lo inimaginable”, reflexionó Iacub, y explicó que esto se ve claro cuando muchos repiten “no me imagino a mis abuelos teniendo relaciones”, por ejemplo, pero también a la idea general de que resulta inimaginable para los adultos jóvenes relacionar el deseo como algo natural en una persona mayor y se lo suele asociar con la perversión.

En este contexto, Iacub recordó que “no es lo mismo genitalidad que sexualidad” y explicó:  “a lo largo de la vida, pero en especial durante la vejez, se produce una transformación en el sentido del erotismo y comienzan a revalorizarse otras cosas, como los besos, las caricias, es decir, tocar, oler, escuchar y mirar, en definitiva gozar con todos los sentidos”.
Además, indicó que “los planos de representación del erotismo van cambiando, y esto no implica que haya un modelo más válido que otro. Lo central es pensar cuál es el modo en el que hoy disfruto o tengo goce”. Según una encuesta de satisfacción de vida de personas mayores realizada por el Indec en 2014, el 80 por ciento de los entrevistados sostuvo que tienen una vida sexual activa, en tanto seis de cada diez consideraron que es posible enamorarse en esa etapa.

 

Fuente Diario ZFuente Télam
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