Un rincón alejado del fragor urbano, con calles circulares y chales con tejas.
En la zona norte de la Capital Federal se destaca un aristocrático rincón -no reconocido oficialmente como barrio por el gobierno porteño- formado por 37 manzanas de casas tipo chalet. Ese espacio fue llamado originalmente Barrio Parque General Belgrano y con el tiempo nombrado por los vecinos como Bajo Belgrano, denominado por las inmobiliarias como Belgrano Chico y conocido por todos como Barrio River.
Delimitada por las avenidas Udaondo, Del Libertador, Monroe y Figueroa Alcorta, este refugio de tranquilidad a un costado del caos de tránsito y ruido porteño, era entre 1887 y 1913 el Hipódromo Nacional. La explicación a que muchas de sus calles tengan forma semicircular o de herradura se encuentra en que eran parte de la pista de carreras. El espacio quedó rodeado por studs y el mundo del turf y las apuestas lo ocupaban todo.
Actualmente en la zona está restringida la construcción de edificios de altura y por esa razón en sus entreveradas calles predomina el color rojo de las tejas de los chalets. "Es un barrio íntimo, como Olivos pero dentro de Belgrano", explica Mercedes Forn, una señora de 84 años que vive allí desde 1954. Al caminar por sus tranquilas veredas puede verse lo que ya parece una olvidada costumbre porteña: los chicos andan en bicicleta y juegan en la calle.
Lejos del coqueto perfil que hoy representa, en sus orígenes el barrio estaba poblado trabajadores de fábricas cercanas, muchos de ellos inmigrantes italianos, que fueron definiendo el paisaje con la construcción de sus viviendas sencillas. Varias de sus características diagonales, la mayoría con nombres de militares, confluyen en la plaza Alexander Fleming, que hace años permanecía partida al medio por la avenida Lídoro Quinteros, hasta que fue cerrada y quedó circular. En frente se destaca el antiguo restaurante Jonathan, uno de los pocos locales permitidos dentro de sus límites. Otro de los puntos históricos es la capilla San Luis Rey, una gran casa con tejas rojas, ubicada en Monroe y Húsares, en terrenos que pertenecían a Obras Sanitarias. "Este lugar tiene un pasado pueblerino. En los 40, el cura de la parroquia Santiago Apóstol, que está en Teniente General Ricchieri y avenida Udaondo, salía los domingos con parlantes para convocar a lmisa", rememora Mercedes.
Por su cercanía con el estadio de River Plate, los días de partido o recitales, las tranquilas calles se convulsionan. Las opiniones de los vecinos están divididas entre aquellos que se ven perjudicados -sobre todo los que tienen un jardín adelante que termina como depósito de basura-y quienes están resignados o acostumbrados al cambio brusco. Y pese al constante sonar de fondo producido por aquellos que practican tiro al blanco en el Club de Tiro Federal Argentino, sobre la avenida Cantilo y ya del lado de Belgrano, los vecinos no dudan en quedarse. "Esto es como una isla dentro de Capital Federal, al que vive acá le cuesta irse porque hay pocos lugares tan tranquilos como este".
Diego Zwengler Redacción Z