01:54 | Jueves 23 de febrero de 2012
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Diario Z, noticias de la ciudad de Buenos aires.

  Sociedad |

Informe Z. Domingos de folklore y baile en Parque Patricios

Decenas de parejas llegan desde otros barrios de la ciudad y desde la provincia de Buenos Aires para desplegar los pasos de una zamba o una chacarera. Guitarras, bombos y violines se adueñan de la tarde con música en vivo.

Desde hace casi 18 años, cada domingo, hay fiesta en el Par­que de los Patricios. La esquina de Caseros y La Rioja se convierte en un patio de bai­le en el que decenas y decenas de parejas se mueven al compás de una chacarera, de una zam­ba, de un gato o de una cueca. La gente llega con sus pañuelos, con sus sillitas plegables y sus equipos de mate, incluso se ve a algunos luciéndose con atuen­dos gauchescos. Vienen de to­dos lados, de otros barrios; más de uno se arrima desde algún lu­gar del Gran Buenos Aires.

Ese rato, durante la tarde y hasta entrada la nochecita, la es­quina del mítico parque se llena de música, baile y colores.
El hombre que con su músi­ca, imaginación y tra­bajo construyó este Patio de Folklore se llama Jorge Gordi­llo, que ahora acari­cia su violín y canta al frente de una banda más o menos mutan­te, formada por músi­cos expertos y por ve­cinos y amigos que se animan.

Hacen una pausa para pasar "la gorra" y mientras los músi­cos rotan, Gordillo se acerca a un costado para charlar con Diario Z.

"Yo vengo de Portela, un pue­blito de 500 habitantes cerca de Baradero. Llegué en el año 88. Tocábamos mucho allá, pero vi­mos que Dios está en todos la­dos, aunque bueno, atiende en Buenos Aires..."

Gordillo se vino con una mano atrás y otra adelante. Du­rante un tiempo, tocó en la peña de los hermanos Carabajal; se casó y al poco tiempo nació su primera hija. Eran tiempos difíci­les. Entonces un amigo se lo llevó a tocar a Mar del Plata. "Me sal­vó, porque yo por mi hija estaba dispuesto a trabajar de cualquier cosa, pero iba a ser un muerto en vida, porque no iba a hacer lo que a mí me gusta realmen­te, que es la música". En aquellos tiempos también se metió de lle­no a estudiar violín, el instrumen­to que hoy lo identifica.

Recorrió la provincia de Bue­nos Aires y las plazas porteñas, hasta que en 1993 recaló en Par­que Patricios. "Al principio, me paré a tocar acá con un equipito muy chiquitito, a tocar una zam­ba, una chacarera... nadie se acer­caba, miraban. Era muy difícil que alguna persona se acercara a bai­lar. Mirá vos, fijate ahora cuánta gente viene a bailar, gente de to­dos lados... Si hacés una encues­ta, hay gente de todas las provin­cias, creo. Y bueno, me paré acá y me encariñé con este lugar".

En ese mismo año lo convo­có el antropólogo e investigador Rubén Pérez Bugallo, con el que trabajó duran­te más de diez años recopilando danzas tradicionales. "Músi­ca perdida que es la que ahora vos podés escuchar acá y que la gente baila, que son danzas no muy cono­cidas. Por ejemplo, el taquirari es una músi­ca del norte que an­tes no te bailaban uno y ahora lo bailan todos".

Allá por el 96 o 97, el maes­tro Jaime Torres le propuso su­marse a su banda. "Yo no le quería contar que estaba acá to­cando en Parque Patricios y re­sulta que él hacía cinco domin­gos que venía acá y se paraba a escuchar detrás del árbol. Así fue que me descubrió musical­mente. Valoró mucho nuestro trabajo. Dijo: ´Ojalá en todas las plazas de Buenos Aires haya un lugar con música, con folklo­re, con libertad, gratis, donde la gente se encuentre como pasa acá´. Tiempo después vino un día y se quedó tocando 45 mi­nutos". Más de 150 artistas in­vitados pasaron por el Patio de Folklore.

En los tres discos solistas que Gordillo lleva grabados en forma "independiente", es muy fuer­te la presencia de esta experien­cia que él encabeza. "En los he­chos, el repertorio lo fue armando la gente".

A Gordillo le nacen las anéc­dotas a borbotones. Cuenta que un día, salido de entre el público, se le acercó un holandés para pro­ponerle una gira por los Países Ba­jos. "Mi mujer me decía que esta­ba loco, pero yo le creí. Me dijo que me iba a presentar con ´un concheto de Palermo´ y me citó en un lugar. Ahí apareció Axel Krygier (ex La Portuaria). ´Vas a ver que él va a querer ir a Patricios y tú vas a conocer Palermo´. Al tiempo, nos fuimos a tocar al Museo de Arte Moderno de Eindhoven, en Ho­landa, con todo pago." El holan­dés en cuestión resultó ser el in­descriptible Dick Verdult, alias "El Demasiado", el creador del Festicumex, un festi­val vanguardista de cum­bia experimental.

Hace unos años, el Patio sufrió una clausura (¿cómo se puede clausurar lo que está construido de paredes imagina­rias?) y Gordillo tuvo que sacar un permiso en regla para poder continuar. Entonces una multi­tud de músicos salió a respaldar­lo. "Creo que a partir de eso, el Patio se empezó a hacer más co­nocido. Pero si leés lo que dice el permiso no podrías ni tocar. Es­taría bueno tener apoyo del go­bierno: unos bancos, baños quí­micos... No pido nada para mí, sino que la gente pueda estar más cómoda."

Gordillo acusa pocas horas de sueño. La noche anterior tocó hasta las cinco de la mañana en la Peña de La Ribera, en San Isidro, al mediodía estuvo tocando en Berazategui y de ahí se vino para el parque, porque su compromi­so con el Patio de Folklore que re­vive cada domingo en Patricios es "de hierro".
"Hay veces que está por llo­ver y la gente me llama para pre­guntarme si voy a venir. Es como una obligación que disfruto mu­cho. Parque Patricios ahora es como mi Portela, mi pueblo den­tro de Buenos Aires, encontré mi lugar, es el lugar que quiero. ¡Si hasta mis dos hijas son de Hura­cán! A veces pienso en qué les voy a dejar a mis hijas de heren­cia, porque plata no tengo. Les voy a dejar un Patio que su padre creó y cuidó."


Paisanos con producción
Desde hace casi 18 años, cada domingo, hay fiesta en el Par­que de los Patricios. La esquina de Caseros y La Rioja se convierte en un patio de bai­le en el que decenas y decenas de parejas se mueven al compás de una chacarera, de una zam­ba, de un gato o de una cueca. La gente llega con sus pañuelos, con sus sillitas plegables y sus equipos de mate, incluso se ve a algunos luciéndose con atuen­dos gauchescos. Vienen de to­dos lados, de otros barrios; más de uno se arrima desde algún lu­gar del Gran Buenos Aires.

Ese rato, durante la tarde y hasta entrada la nochecita, la es­quina del mítico parque se llena de música, baile y colores.
El hombre que con su músi­ca, imaginación y tra­bajo construyó este Patio de Folklore se llama Jorge Gordi­llo, que ahora acari­cia su violín y canta al frente de una banda más o menos mutan­te, formada por músi­cos expertos y por ve­cinos y amigos que se animan.

Hacen una pausa para pasar "la gorra" y mientras los músi­cos rotan, Gordillo se acerca a un costado para charlar con Diario Z.

"Yo vengo de Portela, un pue­blito de 500 habitantes cerca de Baradero. Llegué en el año 88. Tocábamos mucho allá, pero vi­mos que Dios está en todos la­dos, aunque bueno, atiende en Buenos Aires..."

Gordillo se vino con una mano atrás y otra adelante. Du­rante un tiempo, tocó en la peña de los hermanos Carabajal; se casó y al poco tiempo nació su primera hija. Eran tiempos difíci­les. Entonces un amigo se lo llevó a tocar a Mar del Plata. "Me sal­vó, porque yo por mi hija estaba dispuesto a trabajar de cualquier cosa, pero iba a ser un muerto en vida, porque no iba a hacer lo que a mí me gusta realmen­te, que es la música". En aquellos tiempos también se metió de lle­no a estudiar violín, el instrumen­to que hoy lo identifica.

Recorrió la provincia de Bue­nos Aires y las plazas porteñas, hasta que en 1993 recaló en Par­que Patricios. "Al principio, me paré a tocar acá con un equipito muy chiquitito, a tocar una zam­ba, una chacarera... nadie se acer­caba, miraban. Era muy difícil que alguna persona se acercara a bai­lar. Mirá vos, fijate ahora cuánta gente viene a bailar, gente de to­dos lados... Si hacés una encues­ta, hay gente de todas las provin­cias, creo. Y bueno, me paré acá y me encariñé con este lugar".

En ese mismo año lo convo­có el antropólogo e investigador Rubén Pérez Bugallo, con el que trabajó duran­te más de diez años recopilando danzas tradicionales. "Músi­ca perdida que es la que ahora vos podés escuchar acá y que la gente baila, que son danzas no muy cono­cidas. Por ejemplo, el taquirari es una músi­ca del norte que an­tes no te bailaban uno y ahora lo bailan todos".

Allá por el 96 o 97, el maes­tro Jaime Torres le propuso su­marse a su banda. "Yo no le quería contar que estaba acá to­cando en Parque Patricios y re­sulta que él hacía cinco domin­gos que venía acá y se paraba a escuchar detrás del árbol. Así fue que me descubrió musical­mente. Valoró mucho nuestro trabajo. Dijo: ´Ojalá en todas las plazas de Buenos Aires haya un lugar con música, con folklo­re, con libertad, gratis, donde la gente se encuentre como pasa acá´. Tiempo después vino un día y se quedó tocando 45 mi­nutos". Más de 150 artistas in­vitados pasaron por el Patio de Folklore.

En los tres discos solistas que Gordillo lleva grabados en forma "independiente", es muy fuer­te la presencia de esta experien­cia que él encabeza. "En los he­chos, el repertorio lo fue armando la gente".

A Gordillo le nacen las anéc­dotas a borbotones. Cuenta que un día, salido de entre el público, se le acercó un holandés para pro­ponerle una gira por los Países Ba­jos. "Mi mujer me decía que esta­ba loco, pero yo le creí. Me dijo que me iba a presentar con ´un concheto de Palermo´ y me citó en un lugar. Ahí apareció Axel Krygier (ex La Portuaria). ´Vas a ver que él va a querer ir a Patricios y tú vas a conocer Palermo´. Al tiempo, nos fuimos a tocar al Museo de Arte Moderno de Eindhoven, en Ho­landa, con todo pago." El holan­dés en cuestión resultó ser el in­descriptible Dick Verdult, alias "El Demasiado", el creador del Festicumex, un festi­val vanguardista de cum­bia experimental.

Hace unos años, el Patio sufrió una clausura (¿cómo se puede clausurar lo que está construido de paredes imagina­rias?) y Gordillo tuvo que sacar un permiso en regla para poder continuar. Entonces una multi­tud de músicos salió a respaldar­lo. "Creo que a partir de eso, el Patio se empezó a hacer más co­nocido. Pero si leés lo que dice el permiso no podrías ni tocar. Es­taría bueno tener apoyo del go­bierno: unos bancos, baños quí­micos... No pido nada para mí, sino que la gente pueda estar más cómoda."

Gordillo acusa pocas horas de sueño. La noche anterior tocó hasta las cinco de la mañana en la Peña de La Ribera, en San Isidro, al mediodía estuvo tocando en Berazategui y de ahí se vino para el parque, porque su compromi­so con el Patio de Folklore que re­vive cada domingo en Patricios es "de hierro".
"Hay veces que está por llo­ver y la gente me llama para pre­guntarme si voy a venir. Es como una obligación que disfruto mu­cho. Parque Patricios ahora es como mi Portela, mi pueblo den­tro de Buenos Aires, encontré mi lugar, es el lugar que quiero. ¡Si hasta mis dos hijas son de Hura­cán! A veces pienso en qué les voy a dejar a mis hijas de heren­cia, porque plata no tengo. Les voy a dejar un Patio que su padre creó y cuidó."


DZ/LR

 

Fernando Molero Redacción Z

Comentarios

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Comentario

LALY 12:29

ME GUSTA ESTE HOMBRE QUE RECONOCE QUE EMPEZÓ DESDE ABAJO, ASÍ SON LOS GRANDES!!!