Decenas de parejas llegan desde otros barrios de la ciudad y desde la provincia de Buenos Aires para desplegar los pasos de una zamba o una chacarera. Guitarras, bombos y violines se adueñan de la tarde con música en vivo.
Desde hace casi 18 años, cada domingo, hay fiesta en el Parque de los Patricios. La esquina de Caseros y La Rioja se convierte en un patio de baile en el que decenas y decenas de parejas se mueven al compás de una chacarera, de una zamba, de un gato o de una cueca. La gente llega con sus pañuelos, con sus sillitas plegables y sus equipos de mate, incluso se ve a algunos luciéndose con atuendos gauchescos. Vienen de todos lados, de otros barrios; más de uno se arrima desde algún lugar del Gran Buenos Aires.
Ese rato, durante la tarde y hasta entrada la nochecita, la esquina del mítico parque se llena de música, baile y colores.
El hombre que con su música, imaginación y trabajo construyó este Patio de Folklore se llama Jorge Gordillo, que ahora acaricia su violín y canta al frente de una banda más o menos mutante, formada por músicos expertos y por vecinos y amigos que se animan.
Hacen una pausa para pasar "la gorra" y mientras los músicos rotan, Gordillo se acerca a un costado para charlar con Diario Z.
"Yo vengo de Portela, un pueblito de 500 habitantes cerca de Baradero. Llegué en el año 88. Tocábamos mucho allá, pero vimos que Dios está en todos lados, aunque bueno, atiende en Buenos Aires..."
Gordillo se vino con una mano atrás y otra adelante. Durante un tiempo, tocó en la peña de los hermanos Carabajal; se casó y al poco tiempo nació su primera hija. Eran tiempos difíciles. Entonces un amigo se lo llevó a tocar a Mar del Plata. "Me salvó, porque yo por mi hija estaba dispuesto a trabajar de cualquier cosa, pero iba a ser un muerto en vida, porque no iba a hacer lo que a mí me gusta realmente, que es la música". En aquellos tiempos también se metió de lleno a estudiar violín, el instrumento que hoy lo identifica.
Recorrió la provincia de Buenos Aires y las plazas porteñas, hasta que en 1993 recaló en Parque Patricios. "Al principio, me paré a tocar acá con un equipito muy chiquitito, a tocar una zamba, una chacarera... nadie se acercaba, miraban. Era muy difícil que alguna persona se acercara a bailar. Mirá vos, fijate ahora cuánta gente viene a bailar, gente de todos lados... Si hacés una encuesta, hay gente de todas las provincias, creo. Y bueno, me paré acá y me encariñé con este lugar".
En ese mismo año lo convocó el antropólogo e investigador Rubén Pérez Bugallo, con el que trabajó durante más de diez años recopilando danzas tradicionales. "Música perdida que es la que ahora vos podés escuchar acá y que la gente baila, que son danzas no muy conocidas. Por ejemplo, el taquirari es una música del norte que antes no te bailaban uno y ahora lo bailan todos".
Allá por el 96 o 97, el maestro Jaime Torres le propuso sumarse a su banda. "Yo no le quería contar que estaba acá tocando en Parque Patricios y resulta que él hacía cinco domingos que venía acá y se paraba a escuchar detrás del árbol. Así fue que me descubrió musicalmente. Valoró mucho nuestro trabajo. Dijo: ´Ojalá en todas las plazas de Buenos Aires haya un lugar con música, con folklore, con libertad, gratis, donde la gente se encuentre como pasa acá´. Tiempo después vino un día y se quedó tocando 45 minutos". Más de 150 artistas invitados pasaron por el Patio de Folklore.
En los tres discos solistas que Gordillo lleva grabados en forma "independiente", es muy fuerte la presencia de esta experiencia que él encabeza. "En los hechos, el repertorio lo fue armando la gente".
A Gordillo le nacen las anécdotas a borbotones. Cuenta que un día, salido de entre el público, se le acercó un holandés para proponerle una gira por los Países Bajos. "Mi mujer me decía que estaba loco, pero yo le creí. Me dijo que me iba a presentar con ´un concheto de Palermo´ y me citó en un lugar. Ahí apareció Axel Krygier (ex La Portuaria). ´Vas a ver que él va a querer ir a Patricios y tú vas a conocer Palermo´. Al tiempo, nos fuimos a tocar al Museo de Arte Moderno de Eindhoven, en Holanda, con todo pago." El holandés en cuestión resultó ser el indescriptible Dick Verdult, alias "El Demasiado", el creador del Festicumex, un festival vanguardista de cumbia experimental.
Hace unos años, el Patio sufrió una clausura (¿cómo se puede clausurar lo que está construido de paredes imaginarias?) y Gordillo tuvo que sacar un permiso en regla para poder continuar. Entonces una multitud de músicos salió a respaldarlo. "Creo que a partir de eso, el Patio se empezó a hacer más conocido. Pero si leés lo que dice el permiso no podrías ni tocar. Estaría bueno tener apoyo del gobierno: unos bancos, baños químicos... No pido nada para mí, sino que la gente pueda estar más cómoda."
Gordillo acusa pocas horas de sueño. La noche anterior tocó hasta las cinco de la mañana en la Peña de La Ribera, en San Isidro, al mediodía estuvo tocando en Berazategui y de ahí se vino para el parque, porque su compromiso con el Patio de Folklore que revive cada domingo en Patricios es "de hierro".
"Hay veces que está por llover y la gente me llama para preguntarme si voy a venir. Es como una obligación que disfruto mucho. Parque Patricios ahora es como mi Portela, mi pueblo dentro de Buenos Aires, encontré mi lugar, es el lugar que quiero. ¡Si hasta mis dos hijas son de Huracán! A veces pienso en qué les voy a dejar a mis hijas de herencia, porque plata no tengo. Les voy a dejar un Patio que su padre creó y cuidó."
Paisanos con producción
Desde hace casi 18 años, cada domingo, hay fiesta en el Parque de los Patricios. La esquina de Caseros y La Rioja se convierte en un patio de baile en el que decenas y decenas de parejas se mueven al compás de una chacarera, de una zamba, de un gato o de una cueca. La gente llega con sus pañuelos, con sus sillitas plegables y sus equipos de mate, incluso se ve a algunos luciéndose con atuendos gauchescos. Vienen de todos lados, de otros barrios; más de uno se arrima desde algún lugar del Gran Buenos Aires.
Ese rato, durante la tarde y hasta entrada la nochecita, la esquina del mítico parque se llena de música, baile y colores.
El hombre que con su música, imaginación y trabajo construyó este Patio de Folklore se llama Jorge Gordillo, que ahora acaricia su violín y canta al frente de una banda más o menos mutante, formada por músicos expertos y por vecinos y amigos que se animan.
Hacen una pausa para pasar "la gorra" y mientras los músicos rotan, Gordillo se acerca a un costado para charlar con Diario Z.
"Yo vengo de Portela, un pueblito de 500 habitantes cerca de Baradero. Llegué en el año 88. Tocábamos mucho allá, pero vimos que Dios está en todos lados, aunque bueno, atiende en Buenos Aires..."
Gordillo se vino con una mano atrás y otra adelante. Durante un tiempo, tocó en la peña de los hermanos Carabajal; se casó y al poco tiempo nació su primera hija. Eran tiempos difíciles. Entonces un amigo se lo llevó a tocar a Mar del Plata. "Me salvó, porque yo por mi hija estaba dispuesto a trabajar de cualquier cosa, pero iba a ser un muerto en vida, porque no iba a hacer lo que a mí me gusta realmente, que es la música". En aquellos tiempos también se metió de lleno a estudiar violín, el instrumento que hoy lo identifica.
Recorrió la provincia de Buenos Aires y las plazas porteñas, hasta que en 1993 recaló en Parque Patricios. "Al principio, me paré a tocar acá con un equipito muy chiquitito, a tocar una zamba, una chacarera... nadie se acercaba, miraban. Era muy difícil que alguna persona se acercara a bailar. Mirá vos, fijate ahora cuánta gente viene a bailar, gente de todos lados... Si hacés una encuesta, hay gente de todas las provincias, creo. Y bueno, me paré acá y me encariñé con este lugar".
En ese mismo año lo convocó el antropólogo e investigador Rubén Pérez Bugallo, con el que trabajó durante más de diez años recopilando danzas tradicionales. "Música perdida que es la que ahora vos podés escuchar acá y que la gente baila, que son danzas no muy conocidas. Por ejemplo, el taquirari es una música del norte que antes no te bailaban uno y ahora lo bailan todos".
Allá por el 96 o 97, el maestro Jaime Torres le propuso sumarse a su banda. "Yo no le quería contar que estaba acá tocando en Parque Patricios y resulta que él hacía cinco domingos que venía acá y se paraba a escuchar detrás del árbol. Así fue que me descubrió musicalmente. Valoró mucho nuestro trabajo. Dijo: ´Ojalá en todas las plazas de Buenos Aires haya un lugar con música, con folklore, con libertad, gratis, donde la gente se encuentre como pasa acá´. Tiempo después vino un día y se quedó tocando 45 minutos". Más de 150 artistas invitados pasaron por el Patio de Folklore.
En los tres discos solistas que Gordillo lleva grabados en forma "independiente", es muy fuerte la presencia de esta experiencia que él encabeza. "En los hechos, el repertorio lo fue armando la gente".
A Gordillo le nacen las anécdotas a borbotones. Cuenta que un día, salido de entre el público, se le acercó un holandés para proponerle una gira por los Países Bajos. "Mi mujer me decía que estaba loco, pero yo le creí. Me dijo que me iba a presentar con ´un concheto de Palermo´ y me citó en un lugar. Ahí apareció Axel Krygier (ex La Portuaria). ´Vas a ver que él va a querer ir a Patricios y tú vas a conocer Palermo´. Al tiempo, nos fuimos a tocar al Museo de Arte Moderno de Eindhoven, en Holanda, con todo pago." El holandés en cuestión resultó ser el indescriptible Dick Verdult, alias "El Demasiado", el creador del Festicumex, un festival vanguardista de cumbia experimental.
Hace unos años, el Patio sufrió una clausura (¿cómo se puede clausurar lo que está construido de paredes imaginarias?) y Gordillo tuvo que sacar un permiso en regla para poder continuar. Entonces una multitud de músicos salió a respaldarlo. "Creo que a partir de eso, el Patio se empezó a hacer más conocido. Pero si leés lo que dice el permiso no podrías ni tocar. Estaría bueno tener apoyo del gobierno: unos bancos, baños químicos... No pido nada para mí, sino que la gente pueda estar más cómoda."
Gordillo acusa pocas horas de sueño. La noche anterior tocó hasta las cinco de la mañana en la Peña de La Ribera, en San Isidro, al mediodía estuvo tocando en Berazategui y de ahí se vino para el parque, porque su compromiso con el Patio de Folklore que revive cada domingo en Patricios es "de hierro".
"Hay veces que está por llover y la gente me llama para preguntarme si voy a venir. Es como una obligación que disfruto mucho. Parque Patricios ahora es como mi Portela, mi pueblo dentro de Buenos Aires, encontré mi lugar, es el lugar que quiero. ¡Si hasta mis dos hijas son de Huracán! A veces pienso en qué les voy a dejar a mis hijas de herencia, porque plata no tengo. Les voy a dejar un Patio que su padre creó y cuidó."
DZ/LR
Fernando Molero Redacción Z