Sara Facio habla de cómo ve la fotografía contemporánea.
A la hora de repasar el siglo XX, la figura de Sara Facio es insoslayable. Basta recorrer los hechos para que sus imágenes vengan a ilustrar el inconsciente colectivo. Sara nació en 1932 en un hogar de clase media de San Isidro. En 1953 se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y un año más tarde ganó una beca del gobierno de Francia para seguir estudiando artes visuales en París. La temporada europea la acercó al pensamiento de las vanguardias y sobre todo a la fotografía. En Alemania compró su primera cámara y comenzó a pensar la técnica fotográfica como arte. De vuelta en el país, en 1957, siguió su aprendizaje junto a Annemarie Heinrich, mientras hacía sociedad con Alicia D'Amico, con quien retrató a casi todas las grandes figuras de la cultura argentina y latinoamericana, desde Jorge Luis Borges hasta Mercedes Sosa, desde Tita Merello hasta Pablo Neruda. Pero su aporte va más allá de las fotos y tiene que ver con el lugar que ocupa hoy la fotografía ya no sólo como obra de arte o documento, sino como un engranaje fundamental de la producción cultural contemporánea.
En 1973 Sara fundó, junto a María Cristina Orive, La Azotea, primera editorial de Latinoamérica dedicada exclusivamente a libros de fotos. Entre 1985 y 1998 fundó la Fotogalería del Teatro San Martín, un espacio emblemático que entendió como una misión social: que la gente comprendiera que la fotografía no era sólo sacarlo lindo al nene, o un recuerdo del casamiento, o las fotos de los diarios, sino un lenguaje en sí mismo, y con su propio valor estético.
Finalmente, en 1995, presentó al Museo Nacional de Bellas Artes un proyecto de gestión con el que intentó escribir "un renglón de la fotografía, un arte que no estaba incluido en su patrimonio". El renglón finalmente se convirtió en una colección fotográfica de más de siete mil originales, y que sigue creciendo.
Hizo docencia con ese proyecto.
Fue un trabajo exitoso. Muchos otros museos incorporaron la fotografía a su patrimonio. Muchas galerías, que jamás habían expuesto fotografía, sumaron fotógrafos entre sus artistas. Las ferias como Buenos Aires Photo y el Festival de la Luz ya son parte de la agenda.
¿Cómo ve la fotografía contemporánea?
Veo un peligro, no sólo entre los fotógrafos sino en toda la sociedad, una tendencia a llamar la atención de cualquier forma, ser famoso no importa cómo. El ambiente artístico está más preocupado por mostrar su ingenio que por reflejar sus sentimientos, sus visiones del mundo. Todos están tratando de ver quién es más ingenioso. Entonces uno hace un perrito con flores (Jeff Koons), otro hace una calavera con diamantes (Damien Hirst), que se parecen más a los trabajos manuales que hacíamos en el colegio que a una creación artística. O ese fotógrafo argentino que pone una cámara en un barrilete y toma fotos aéreas (Esteban Pastorino). Muy ingenioso (se ríe). Se ven muy lindas, pero prefiero algo más serio, con algo de contenido. Si no nos quedamos en la frivolidad. Y no es que esté en contra de lo frívolo, que en determinados momentos es importante. ¡Me encantan las comedietas! Pero cuando ves que todo está inundado de chicos ingeniosos, bueno, que paren un poco la mano.
¿Cómo ve los museos?
La gente viene del interior a Buenos Aires a ver una propuesta estética. Van Gogh iba de Holanda a París a ver a los maestros. Porque uno, cuando entra en un museo, quiere ver obras de verdad, no pavadas. Y el museo contemporáneo, a veces, está cargado de pavadas.
¿Será que todo vale?
Y no. Para eso está la gente que tiene un poco más de experiencia. El problema son los curadores, los directores que no quieren decir no, pensando, qué se yo, que por ahí la pegan.
También es cierto que ahora se pone el foco en la experimentación, en el proceso de la obra, incluso en el error.
Sí, se aprende de los errores, pero siempre hay que enfocarse en lo que uno considera lo mejor. Y que cada uno se haga cargo de sus errores. De los míos, aprendo; pero de los tuyos... mejor te los guardás y tratá de superarlos.
DZ/km
Marcelo Dansey Redacción Z