El autor de "Avanti Morocha" dice andar por la vida con
un cuadernito donde anota frases que le llaman la atención. Yasegura que los años lo ayudaron a conocerse y a escribir canciones cada vez más hondas.
Si Dios existe tiene debilidad por los artistas: les permite operar la alquimia de transformar el dolor en belleza. Cuando escribió las canciones que integran su último trabajo, La parte de los ángeles, Iván Noble venía de separarse de la actriz Julieta Ortega. Su duelo quedó inmortalizado en cada uno de los temas. En tono íntimo y a corazón abierto, el autor de "Avanti Morocha" logró retratar con fineza y hondura las etapas de un divorcio, desde el llanto incontenible hasta las salidas nocturnas que lo llevaron nuevamente "de rally al infierno", un infierno encantador que parece haber estado esperando su regreso.
¿Se puede decir que La parte de los ángeles es un disco de duelo y resurrección?
Me acostumbré a decir que es un disco de divorcio. Los norteamericanos inventaron ese concepto. En un momento me di cuenta de que la mayoría de las canciones que escribía tenían que ver con eso. Las canciones tienen un hilo conductor que tiene que ver con la pérdida. En realidad, la separación es un síntoma de otra cosa. Uno empieza a preguntarse qué hace con la soledad después de los 40. Es un disco muy confesional y pude hacerlo porque no hay rencor ni veneno entre la persona a la que se refiere el disco y yo.
Ahora, respecto de la resurrección, el disco refleja tu regreso a las salidas nocturnas.
Los tipos grandes, cuando nos quedamos solos de vuelta, nos vamos de rally. No es el disco del tipo que se quedó tirado en la cama llorando, porque yo no soy así. Pero sí es el disco de un tipo que empieza a averiguar que es muy difícil estar con otra persona, que a veces el amor no alcanza.
Tenés un talento especial para las metáforas visuales.
Tal vez ese estilo tenga que ver con la sensación de que una canción tiene que ganar por nocáut. En dos o tres momentos tenés que provocarle al tipo que escucha una sacudida. Alos 40 años es más probable que te animes a ir más a lo hondo y a escribir canciones que por lo menos pueden tener la pretensión de ser profundas. Yo a los veintipico, cuando cantaba en Caballeros y escribía letras, casi por una cuestión generacional retrataba más el afuera: el barrio, la esquina, la calle. Aesa edad te conocés mucho menos. Uno tiene la superstición de que a los 40 está en condiciones de escribir canciones más hondas que a los 20 y ojalá que a los 60 más que a los 40.
En Si supiera cuál es mi vaso decís: "Hace demasiadas lunas que no tiro una noche a la tribuna". ¿Qué es eso?
Es como decir "esta noche que sea lo que Dios quiera, no voy a tener precauciones". Se la robé a un amigo, que una noche intentaba seducir a una chica diciéndole "daaale, tirá una noche a la tribuna". Y me di cuenta de que ahí había una canción. Yo soy muy cartonero de las cosas, me parece la mejor forma de escribir. Tengo un cuadernito donde escribo frases que me llaman la atención.
¿Cómo fue ser padre para vos?
Amí me partió en dos la vida. Por suerte, era hora. Tengo ganas de morirme de viejo, de verlo crecer, de ver en qué tipo se convierte. Y creo que cuando tenés un hijo lográs armar mejor el kiosco. Sabés qué es lo que va adelante y qué es lo que va a atrás. Todo el tiempo tenés un llamador, que es tu hijo, que te hace acordar de que las cosas que importan son dos, tres.
¿Te perturban las críticas de los fans de Los Caballeros de la Quema que dicen que te vendiste?
Me pesaron un tiempo. Cuando decidís ser solista tenés que construir otro público. Es el tema de la mirada ajena. Pero desde hace un tiempo me duran menos los enojos. Hice terapia un par de años y ése era un tema muy fuerte.
Te va muy bien con las mujeres. ¿Alguna vez tuviste que hacer un esfuerzo?
Tengo derrotas lapidarias. Una vez escuché decir a Dolina: "Las mujeres que más me han interesado me han ignorado olímpicamente". No me voy a hacer el tonto: los tipos que cantamos tenemos cierto hándicap a la hora de determinada oferta, pero hay gente que no se oferta.
En el disco hay muchas referencias a las piernas de las mujeres. ¿Es una parte del cuerpo que te gusta especialmente?
Alos veinte uno va al trazo grueso, va a las tetas y el culo; a los treinta uno empieza a mirar otros distritos y a los cuarenta ponés muy en consideración otras cosas: cómo se ríe, cómo huele, cómo camina, cómo dice lo que dice. Eso tiene que ver con fobias y con mañas. Empiezan a restar puntos cosas como "no me gusta la voz, está mal ecualizada". Creo que uno busca más excusas que antes para quedarse solo.
DZ/LR
Romina Calderaro Redacción Z