19:58 | Jueves 17 de mayo de 2012
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Adrián Iaies: 'No me gusta la ideología del tanguero'

Junto con el contrabajista Horacio Fumero, el pianista y compositor se anima a transformar el antiguo 2x4.

Suele resultar complejo traducir en palabras simples las operaciones complejas con que dos maestros en sus instrumentos, como lo son los músicos argentinos Adrián Iaies y Horacio Fumero, transforman antiguos tangos en una música de gran libertad armónica y mucha belleza. Pero alcanza con hablar del juego también musical que se dan en sus miradas, gestos y respiraciones en las primeras presentaciones en vivo en Café Vinilo, un lugar que el pianista menciona como una especie de hogar donde se siente bien tratado, para entender desde otras coordenadas la enorme complicidad musical que comparten. Para quien no los conozca, puede decirse que Iaies ha contado en sus cerca de quince trabajos una historia de unión posible entre el jazz y la mejor música popular argentina. Y Fumero, radicado en España hace treinta años, es un virtuoso contrabajista que ha tocado con hitos jazzeros como Gato Barbieri, Lalo Schifrin, Eddie Henderson o Teté Montoliu. Juntos han tocado antes en proyectos de Iaies como su Tango Reflections (2001) o el DVD Astor Changes (2006). Estas presentaciones complementarán el disco inédito Conversaciones desde el arrabal amargo, que ahora se transformará en una placa doble a editarse por el sello de la Universidad de Tres de Febrero.
¿Cómo se dio este nuevo encuentro con Fumero?
Con Horacio somos como hermanos desde que nos conocimos en el año 2000. Todo el tiempo estamos hablando o nos escribimos. Hace dos años estuvo un verano acá y me propuso grabar algo. Suspendí un viaje, escribí arreglos sobre tangos y canciones de músicos como Thelonius Monk o Spinetta. Lo grabamos con la idea de editarlo en España, pero por la crisis quedó en stand by. En noviembre el sello de la Universidad de Tres de Febrero me pidió que grabara con ellos y justo me había llamado Horacio con ganas de tocar. Ahí les propuse un disco doble, el que ya tenía y otro en vivo, con un sentido artístico especial, de mostrar dos caras, una especie de noche y día.
Hace unos años parecías no querer que se te asociara sólo con el tango.
Mi relación con el tango es la misma. No me gusta la ideología del tanguero, esa cosa conservadora, misógina y dogmática. De sólo pensar que alguien toque El choclo durante treinta años con los mismos acordes se me cae el pelo. Lo que sí tengo es una relación entrañable con algunos tangos, que me han permitido mostrar mi identidad como músico. Y en el caso del dúo con Horacio, nuestra relación musical se fue haciendo más cercana más a través de esos tangos que de estandars de jazz, un territorio que conocemos los dos muy bien. Pero cuando nos metemos con el tango no podemos poner el piloto automático y no ponerlo es una regla número uno del jazz.
¿Dónde ves la diferencia entre tocar tangos desde la esencia del jazz y no desde cierta pose intelectual?
Es sencillo. Puedo juntarme a tomar un café con vos, que me cuentes algo, escucharte, mirarte y creerte o no. Hay un convencimiento y convicción en lo que se toca, que puede sentirse Y en lo que respecta al tango y los músicos de jazz de acá, más que pose, hay desconocimiento y prejuicios, porque históricamente vieron al tango como un género menor y no le prestaron la debida atención.
¿Compañeros como Fumero te ayudan a conocerte más como músico?
Sí, eso pasa cuando tocás con músicos que se animan a saltar el alambrado. Yo escribí todos los arreglos que vamos a tocar, pero a Horacio los estudia, prueba, toca y mejora. Me devuelve una versión muy mejorada y distinta del tema. En la medida en que estás dispuesto a dejarte sorprender por las ideas de otro, vas a crecer.

El dato: Adrián Iaies y Horacio Fumero se presentan
el 28 y 29 de enero, a las 21, en Café Vinilo,
Gorriti 3780. Entradas $70.


DZ/LR

 

Diego Oscar Ramos Redacción Z

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