Desde que asumió en 2007, Macri bajó su pulgar romano a más de 90 leyes.
Suelen decir los especialistas en derecho constitucional que los decretos de necesidad y urgencia son inversamente proporcionales a la capacidad de los mandatarios de ejercer el poder de veto. Pero en la práctica, al menos para el jefe de Gobierno de la Ciudad podría tratarse de lo mismo.
Desde que asumió en 2007, y hasta la fecha, Mauricio Macri bajó su pulgar romano a más de 90 leyes sancionadas por la Legislatura porteña, 80 de ellas votadas por su propios diputados, a esta altura más desorientados que Adán en Día de la Madre. Vale decir: Mauricio Macri se echó un veto cada 15 días, en promedio, aunque en 20 ocasiones ese veto fue parcial. En cualquier caso, evidencia un claro desprecio por las instituciones.
¿Aqué se opone Macri? Básicamente a leyes de contenido social, sobre todo a las que expresen un sentido solidario. Repasemos sólo las últimas: su pulgar bajó la ley que disponía la colocación de semáforos para ciegos; anuló la norma que prorrogaba la protección a empresas y fábricas recuperadas; la creación de un centro cultural en Villa Devoto; el subsidio mensual para músicos mayores de 65 años con 20 de trayectoria y que no reciban jubilación ni puedan acreditar otros ingresos; la creación de un centro de documentación del Bicentenario.
El colmo de la contradicción, con todo, se lo llevan los vetos locales a dos leyes votadas por el PRO a nivel nacional: una es la ley que reserva sólo a la farmacias el derecho de vender medicamentos, excluyendo de otros comercios la posibilidad ofrecer los de venta libre; otra es la de divulgar por todos los medios la gratuidad de los pasajes para personas con discapacidad.
La pregunta del millón: ¿por qué Macri hace lo que hace? ¿Es una especie de cruzado antisocial? Como siempre sucede con el PRO, todo parece tener más que ver con el marketing político y cierta ideología de élite -constitutiva del fundador del partido- que con la realidad. Es que MM ya trabaja para el 2015, y no pierde oportunidad para delinear un escenario de confrontación entre dos modelos. Marca una identidad, le habla a su electorado y lo fideliza. Ésa es la clientela política que vio con buenos ojos el aumento inconsulto de pasaje de subte y que considera superfluas o no prioritarias las leyes sociales que atiendan, por ejemplo, al porteño más desprotegido.
Entonces: no hay que ser mentalista para pronosticar que el Capitán Veto no parará de usar su pulgar.
DZ/km
Laura Mendoza Redacción Z