19:53 | Jueves 17 de mayo de 2012
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Diario Z, noticias de la ciudad de Buenos aires.

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La góndola de los medicamentos libres

Farmacity llegó a la Argentina en 1998 y hasta mayo de 2011 contaba con 4.000 empleados a su cargo.

Farmacity llegó a la Argentina en 1998 y hasta mayo de 2011 contaba con 4.000 empleados a su cargo. La firma señala que desde su arribo ha invertido en el país poco más de 400 millones de pesos. Los efectos de su despliegue son resistidos por las cámaras que nuclean a los farmacéuticos de barrio o tradicionales. Ricardo Aizcobe, presidente de la Confederación Farmacéutica Argentina, señala que "en la ciudad de Buenos Aires se cerraron cerca de 1.600 farmacias. Quebró casi el 50 de los locales que había hace unos años". Según relata Aizcobe, Farmacity con­dena a las farmacias de barrio a bajar sus persianas de forma definitiva, a través de rifas y promociones. "Las farmacias tradicionales tienen una brecha de tiempo en­tre que pagan el producto de la droguería y lo venden al consumidor de casi 28 días. Si es para obras sociales ese lapso se estira a 60. Para cubrir el desfase se apela a lo que ingresa de la venta de productos biomédicos como frascos de urocultivo, gasas, vendas, jeringas, agujas u otros elementos vinculados a la industria farmacéutica. El problema es que Farmacity con sus lógicas de promo­ciones y ofertas absorbe ese dinero al contado que le permite a la farmacia de barrio superar el desfase y ahí se produce el rojo que va incrementándose rápidamente. Además la cadena obtiene mejores plazos de las obras sociales por el volumen que maneja", relata Aizcobe. Hasta aquí no sería más que una dis­puta comercial. Sin embargo, tienen consecuencias sociales ya que Farmacity no pone sucursales en sectores carenciados o rurales sino en grandes avenidas o barrios luminosos.

Pero Farmacity tiene otros intereses además de vender chocolates. Entre sus accionistas más importantes figura Me­rril Lynch, uno de los fondos buitre con los que tuvo que negociar el Estado argentino tras el default. "Tiene el 18 por ciento del paquete accionario", señala Néstor Caprov, quien dirige el portal especializado en temas de salud y far­macéuticos www.miradaprofesional.com. "Además -agrega Caprov-, Farmacity sabe camuflarse ante las víctimas. Desde hace un tiempo, en sus cajas la gente puede retirar sumas de dinero de aproximadamente 150 pesos. Farmacity en reali­dad es un fondo común de inversiones con capitales exter­nos que no dejan su ganancia en el país. Esto es clave para entender cómo se atenta contra el trabajo argentino que da la red de farmacias pymes y que garantizan las campañas públicas de vacunación, la información a los pacientes del buen uso de los medicamentos y el cumplimiento de los tra­tamientos. Es decir, ni más ni menos, esas 15 mil farmacias a lo largo y lo ancho de nuestro país son polea fundamental de la atención primaria. Por eso, los propietarios de las farma­cias no deberían ser sociedades anónimas, porque el Estado debe tener herramientas para garantizar la salud pública. El medicamento es un bien social. Hay varias provincias donde Farmacity no entra justamente por esto."

LA MAGNITUD DEL PROBLEMA

Los medicamentos de venta libre llamados OTC surgieron como una necesidad de los laboratorios en los 90 de­bido a que las patentes de buena parte de sus marcas estaban por vencer y para las casas matrices su comer­cialización significaba -significa- la mayor parte de sus ingresos. Estos medicamentos ya tenían una experien­cia de fiabilidad y por eso se permitió su venta libre. Sin embargo, no se trata de sustancias inocuas sino que pueden tener efectos adversos. "Son remedios que no pueden ser agarrados de una góndola sin un consejo profesional. El Ibuprofeno, por ejemplo, puede produ­cir problemas en los riñones sino se ingiere en forma dosificada. Ese consejo ¿quién se lo va a dar?, si desde la cadena solo le dicen al paciente -que para ellos es un cliente- vení consumí", apunta Aizcobe.

Según cifras de la industria farmacéutica, en la actualidad el 40 por ciento de los medicamentos que atien­den las prepagas son vendidos por Farmacity. En los gran­des centros urbanos uno de cada cuatro medicamentos que se venden en las grandes ciudades lo vende esta cadena. En el extranjero, tener un 5 o 10 por ciento del mercado se considera posición dominante y para ello hay regulación que defiende la competencia. Farmacity ha sido denunciada por violar estas normas aún sin resultados a la vista. Aizcobe destaca, además, la incidencia negativa de Farmacity en el segmento farmacéutico de la ciudad.

DZ/km

Redacción Z