Recorrido por vida y amores de la señora del arrabal.
La muestra es pequeña. Ocupa, apenas, dos salas del Museo Casa Carlos Gardel en el Abasto. Pero está llena de pequeños objetos, de joyitas que cuentan la vida de Tita Merello, la gran representante del tango arrabalero y figura indiscutida de Buenos Aires. Allí aparecen viejas fotos, vestidos, cartas, citas, premios y otros elementos que pintan a esta mujer que alguna vez definió así sus comienzos: "Yo conocí el hambre. Sé lo que es el miedo y la vergüenza. Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea".
"Tita Merello, la morocha argentina" se armó con objetos cedidos por la familia Anselmi y por Eduardo Dosisto, amigo y albacea de la mujer que cantaba los tangos como actriz. Horacio Torres, director del museo y a cargo de la curaduría, cuenta: "Muchos de los objetos forman parte de la colección privada de Tita Merello. Y la idea fue ofrecer una mirada de su mundo, a través de fotos y cosas que ella misma eligió guardar. En términos curatoriales, no quisimos mediar en su propia mirada".
En ese mundo privado de Merello hay muchas fotografías. Está Tita y sus viajes a Europa. Tita en Mar del Plata. Tita en el rodaje de sus películas (ella actuó en ¡Tango!, considerado el primer largometraje sonoro argentino, de 1933). En todas se ve a una Merello de mirada firme, penetrante, con gran personalidad. Torres dice que no deja de sorprenderlo el magnetismo de esos ojos.
"Su imagen tiene una pregnancia brutal. Y no hablo sólo de las fotos icónicas de su carrera, sino de las más personales. Hay un cuidado de su imagen muy fuerte. En esa mirada tan penetrante, yo veo una prepotencia de ser. Ella tuvo una vida muy dura, de abandono temprano y sin educación formal. Comenzó a ser bailarina de cabaret y de a poco fue ascendiendo en el mundo del tango. Siempre tuvo una profunda intuición en el manejo de su carrera. Hoy, cuando alguien piensa en el tango arrabalero, inmediatamente aparece su nombre."
Hay una vitrina entera dedicada a la relación de Merello con Luis Sandrini, su gran amor. Hay cartas que el actor escribía en papeles con membretes de hoteles lujosos. Siempre, el encabezado decía "Mi perrita querida...", con esa letra caligráfica que tienen las cartas viejas. Un telegrama miente: "En cada uno de los minutos de tu día estaré rogando por tu felicidad".
Alguna vez, cuando ya estaba enferma e internada en la Clínica Favaloro, Merello le pidió a Dosisto que no la olvidara. Hoy, en la avenida Corrientes 1312, hay un local comercial sin demasiado encanto y una pequeña placa que recuerda que allí vivió la cantante, donde antes había un conventillo. Cuando se enteró de la iniciativa de Dosisto, Tita le dijo: "Le agradezco mucho. Yo nunca gané un Martín Fierro. Yo nunca tuve un bronce".
Donde
Lunes, miércoles, jueves y viernes, de 11 a 18, y sábados, domingos y feriados de 10 a 19. Hasta el martes 31 de enero.
Museo Casa Carlos Gardel (Jean Jaures 735). Entrada 1$. Bono contribución 10$.
DZ/LR
Roberto Durán Redacción Z