19:47 | Jueves 17 de mayo de 2012
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Diario Z, noticias de la ciudad de Buenos aires.

  Política |

La salud presidencial y Mauricio, el Veloz

Por Eduardo Blaustein. Los primeros días del año transcurrieron entre la operación de Cristina y el aumento del subte decretado por Macri. Queda a la vista el nulo interés del jefe de Gobierno en discutir las ganancias de Metrovías y la energía despilfarrada en dudar de la buena fe del diagnóstico de la enfermedad de la Presidenta.

Con un final más feliz que confu­so, pero con bastante de lo se­gundo, durante los últimos días el tema de la salud presidencial volvió a imponerse por sobre la -casi nula- discusión política en el país, compitiendo contra el aumentazo en la tarifa de los sub­terráneos decidido por el Gobierno de la Ciudad y más aún contra el dolce far nien­te del verano, que incluso amortiguó asun­tos tan espantosos como el presunto asesi­nato de Carlos Soria y otros tan llamativos como el trastorno de ansiedad del flamante intendente de Catriel.

En oposición a semejantes temblores, un aspecto poco destacado de lo sucedido durante la ausencia de Cristina fue la cal­ma chicha institucional. Seguramente tras previo y obvio acuerdo con la Presiden­ta, Amado Boudou se preocupó por mos­trarse como el vicepresidente "normal" de un país "normal", gestionando, haciendo. "País serio y normal" era una de las defi­niciones gruesas que ofrecía Néstor Kirch­ner en la remota campaña presidencial de 2003, cuando aún no se habían desatado las épicas que se harían largamente conoci­das, desde el discurso mismo de asunción.

El asunto del diagnóstico sobre la enfer­medad que padeció Cristina, aún cuando haya mediado algún apresuramiento oficial a la hora de tomar decisiones y comuni­car partes médicos, en un par de semanas será pasado lejano. Es notoria la cantidad de energía social, mediática y política que des­pilfarra este país en escaramuzas de quinto orden. Aunque es cierto que entre el proyec­to político kirchnerista y las diversas insinua­ciones de lo que son los proyectos oposito­res a menudo laten visiones encontradas y hasta antagónicas, es siempre entre ilumina­dor y desagradable mirar hacia atrás y com­probar en cuántos asuntos magnificados se nos van meses de intercambio de chicanas: la creación del Instituto Dorrego, las presun­tas diferencias "explosivas" con el Gobier­no (adjetivo usado por La Nación) reflejadas en el último documento de Carta Abierta, o la emergencia de espacios de intelectua­les que, a juzgar al menos por el primer tex­to que firmaron, parecen más agriados con­tra Carta Abierta que interesados en iniciar una discusión estructural contra la orienta­ción de las políticas oficiales.

Bienvenidos los que piensan

Un matiz en estas últimas líneas: es más que interesante y valioso que la discu­sión sobre nuestra historia o el debate en­tre espacios intelectuales sea parte de una agenda colectiva de discusión. El problema tristísimo es que antes que una discusión consistente, estas cuestiones quedan lite­ralmente malditas y aplanadas por la capa­cidad que aún tienen los medios masivos (y a veces no importa de qué lado del mostra­dor estén) de manipular y empobrecer los contenidos de lo que se discute.

Lo que es de rutina es la manera en que los medios del establishment se las ingenian para pegar: si el kirchnerismo es verticalista, por verticalista. Si en el kirchnerismo se ven­tilan diferencias y críticas (de Moyano a Carta Abierta o las políticas de seguridad de Scioli), entonces las cosas se tornan "explosivas".

Las refriegas por la mala leche evidentí­sima de los titulares de Clarín hace tiempo que vienen cansando y por un tiempo no deberían ser centro de las preocupaciones políticas como lo fueron en el pasado cer­cano. Claro: siempre y cuando el Gobierno conserve la suficiente fortaleza y empatía social como para que el supergrupo no le haga el daño que sí le hizo en otras épocas y también le hizo a otras administraciones.

Respecto del no-cáncer presidencial, alcan­za con decir que sospechar de manipula­ción informativa cuando están de por me­dio dos instituciones tan prestigiosas como el Centro de Diagnóstico Maipú (que inter­vino en los estudios previos) y el hospital Austral, parece de cierta temeridad.

Mauricio, el Bravo

¿Qué calificativo puede describir mejor la decisión vertiginosa tomada por Mauricio Macri a la hora de más que duplicar la tarifas de los subtes al día y medio de hacerse cargo de su administración? ¿Macri tomó una de­cisión "racional", "valiente", "brutal", "des­afortunada", "temeraria"? Aquí quien ayu­da a definir es el futuro. En principio, Macri se jugó como no se la jugó en las eleccio­nes pasadas a la hora de ser candidato pre­sidencial (de nuevo: "el futuro", según quién lo analice, parece haber demostrado que "Macri tuvo razón", o Jaime Durán Barba). Si lo mejor que tiene el macrismo, por lo me­nos en tiempos de campaña electoral, es su política de comunicación, aquí fallaron una cuantas cosas. Primero: apenas se anunció el traspaso el gobierno local se atajó filtran­do información que anticipaba lo durísimo que les resultaría a los usuarios el traspaso en términos de "sinceramiento de costos". Segundo: fue el mismo Macri el que dijo li­teralmente: "No tenemos estudios, dennos unos días". Tercero: luego hablaron de 90 días. Cuarto: demoraron menos de 48 horas en aplicar un aumento del 127 por ciento. Pudieron pensar en paliar los aumentos se­gún segmentos etários o sociales (estudian­tes, jubilados, docentes, beneficiarios de la AUH o de los planes sociales locales) o apli­car alguno de los sistemas que se usan en las grandes ciudades del mundo en las que se efectúan descuentos crecientes según la cantidad diaria, semanal o mensual de via­jes que se hagan.

El gobierno macrista no hizo nada de eso ni respetó las instancias institucionales (audiencias públicas). Nadie parece tampoco dispuesto a estudiar los costos y la rentabi­lidad de Metrovías o de la empresa que pu­diera sucederla. ¿Por qué será que el Estado (local y nacional) invierte haciendo túneles y estaciones y subsidia los salarios de los tra­bajadores de una empresa que en 2010 re­partió $ 150 millones en dividendos?

Hay otro dato que llama la atención y es que sólo el kirchnerismo "local" salió a dar la pelea discursiva contra los aumentos y no al­gún pesado K nacional, como solía suceder en unas cuantas refriegas pasadas contra el macrismo. Puede que ese silencio obedez­ca a la lección recibida (a Macri hay que sa­ber cómo, dónde y con qué vocero pegarle), a cierto silencio impuesto por la ausencia de la Presidenta o a la posibilidad de que ante la quita de subsidios nacionales a los servicios o un eventual aumento del tren y el colecti­vo parezca mejor la discreción.

DZ/km

Eduardo Blaustein Especial para Diario Z

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